sábado, 31 de diciembre de 2011

1 año de maternidad en 10 artículos



Top 10 2011. Los mejores artículos de la blogosfera maternal. Amor Maternal


"Top 10 2011 es un carnaval de blogs iniciado por AmorMaternal.com cuyo propósito es reunir los mejores artículos de la blogosfera maternal publicados durante 2011 en castellano. La temática del carnaval engloba el embarazo consciente, el parto natural, la lactancia materna, la crianza respetuosa, la psicología, el uso de portabebés ergo, la ecología y demás temas afines."








Para concluir este año maravilloso me gustaría sumarme a la iniciativa de Amor Maternal y participar en el último Carnaval de blogs de este 2011. No ha sido demasiado difícil decidir qué entradas publicar porque muchas de ellas las llevo en el corazoncito y porque los que visitáis este rincón a menudo sabéis que no siempre escribo sobre maternidad, a pesar de que es el impulso vital que mueve mi día a día. Por este mismo motivo he descartado otros textos muy ligados a mí que reservaré para otra ocasión.

Feliz por el año de intenso cariño y crecimiento que he vivido, comparto de nuevo estas 10 entradas que revivo hoy junto a tod@s vosotr@s para desearos un felicísimo 2012! Bonito número, confiemos en que será un buen año. Amor para tod@s 



Palabras sobre cómo nace en mí este deseo


Donde plasmo las sensaciones que recuerdo durante el embarazo.
Pertenece a una serie de entradas en las que posteriormente relato el momento del parto y comparto una pequeña reflexión sobre lo acontecido.
Guardo especial cariño a todas estas entradas.



Reflexiones y recuerdos


Pensamientos para acompañar el amamantamiento

Hermosas razones por las que colechamos


Un sueño al fin compartido


Sus primeros pasos, desde la observación y el acompañamiento



Sentimientos junto a mi hija la primera vez que enfermó


Comparto los inicios de nuestra lactancia en este Carnaval de blogs



Alzando la voz en le Día Internacional del Nacimiento. Una de mis primeras entradas.



Por último, quisiera agradecer brevemente el gesto hermoso de mi amiga Eraseunavez al invitarme a través de facebook a participar en este Carnaval. Gracias por tu cariño!

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jueves, 29 de diciembre de 2011

Desilusión


Cuando sientes que la decepción ha comenzado a morderte es sencillo volver la vista hacia otro lado. Esperar así a que esa punzadita se vaya disipando por sí sola o, mejor aún, desaparezca sin dejar rastro.

No ha ocurrido así y dudo que en algún momento suceda de este modo. En cambio, sí creo que esa sensación de marea turbia que rebaja tu alegría y tu consideración, puede resultar finalmente una explosión de nuevas impresiones, sensaciones o experiencias que nos puede beneficiar. Es decir, que aprendemos con ella, crecemos con ella también.

Sé que es común sentirse así cuando se ponen demasiadas expectativas en algo o en alguien, es fácil también entonces, hallar culpables donde no hay más que nuestra propia proyección, nuestras ilusiones o anhelos que se ven truncados cuando algo ajeno a nosotros impide que se lleven a cabo. Es lícito sentirse decepcionado en estos momentos también, por qué no, pero es más honesto reconocernos, aunque sea al final del camino, que no somos dueños de las decisiones ajenas y que tal vez estuviésemos mirando demasiado lejos, depositando una dosis de ilusión y esperanza muy por encima de la realidad. Duele también, de eso no cabe duda, la sensación de vacío está ahí.

Quizá no he sabido alcanzar este punto aún y continúo sumergida en una sensación agridulce que me cuesta manejar ¿Qué hacer cuando alguien a quién estimas te descubre una faceta que te afecta y no te agrada? Una faceta que, por cierta distancia que pongas, no deja de manifestarse...
Cuando sentí la espinita por primera vez preferí no darle gran importancia, aunque tampoco ignoré el hecho de que estuviera ahí. Dejé que el tiempo corriera para situarnos, para que todo se asentase, para templar mi impresión, esperanzada en que todo tomara sus dimensiones sin alimentar ideas. El paso de lo días me susurró que, en realidad, no había ocurrido nada extraordinario sino que ahora, sencillamente, nos conocíamos más. 

Movida por la incomodidad y el desconcierto decidí sincerarme, dar un paso hacia adelante, tratar de bajar el nivel de ese mar que me frenaba en espacios comunes. Me sentía tremendamente injusta por ello... Dar salida a mis sentimientos, escuchar y recapacitar me ayudó a asumir mi decepción como tal, a darle la forma que le correspondía, a darle opción para sentirse escuchada. Sin arrebatos, sin deseo de herir, sincerándome sin más. Se reforzaron grandes lazos entonces, se desnudaron algunos pensamientos, se acercaron dos corazones al conocer ambos el motivo de su deambular.

Pero los caminos continúan y poco ha cambiado la raíz que me produce conflicto. Afrontar la situación y buscar el acercamiento me ayudó a comprender, a aceptar, a ampliar mi prisma y reubicarme. Pero no puede cambiar el curso de las cosas, convertir en blanco lo que es negro ni disfrazar situaciones. Por eso, a pesar del pozo de amor y amistad, permanezco sentada un poco más lejos, sintiendo a la vez la necesidad de pedir perdón, porque entiendo que quizá sean mis propias expectativas de cambio las que me mantienen al margen. Nadie dijo que algo fuera cambiar y al tomar la decisión egoísta de marcar distancia me alejo de otras personas también... Lo siento.

¿Cómo se cura la desilusión más allá del perdón?



Autor/a desconocido/a

lunes, 26 de diciembre de 2011

Huellas


Uno, dos, tres, cuatro... ¿Puedes oírlos? Son mis pasos.

Al caminar resonamos, vibra nuestro cuerpo, cruje el suelo que pisamos para poder acoplarnos, para acoger la huella, aunque nos parezca imperceptible. Y pienso que todo movimiento nunca es en el balde, que no hay pasos pequeños ni grandes, que prefiero olvidar esas medidas. Que no llega antes quien corre más, o al menos, no por ser rápido. Que cada cual debe elegir su ritmo, sin dudar de sus facultades, de su debilidad, su carácter o sus ideas. Sin sentirse intimidado. Sin dudar, en definitiva, de su elección libre, porque allí es dónde le llevarán sus pasos, oscilantes pero fieles.

Pienso en la idea de no mirar atrás, de querer vivir lo más presente posible o de proyectarse al futuro. Pero ¿Qué ocurre cuando se necesita ir hacia atrás? ¿Debe considerarse un error, un estancamiento, un mal paso? ¿Debemos sentirnos avergonzados por retroceder, sentir que se ha perdido una batalla?...

Y yo me preguntó ¿Es que acaso sólo hay una forma de avanzar? ¿Acaso al volver hacia atrás estás caminando de espaldas, desorientada y perdiendo el equilibrio?

Diría que no, que cuando se precisa volver a recorrer el mismo camino, no importa si una o mil veces, es porque algo no se ha resuelto en el trayecto, porque ese sendero nos atrapa especialmente o porque deseamos regresar al punto de partida.

Diría que, entonces, es lógico frenarse, recapacitar, saltar un muro y rotar 180º para caminar en el sentido opuesto. A pesar de las voces, a pesar de la ideas que nos indican que la vida se escapa en la otra dirección, que estamos equivocados aún antes de comprender que algo nos mantiene ahí y que es nuestra elección. Porque al opinar sin prestar gran atención, es sencillo poner piedras, atajos o señales en un camino que no nos pertenece.

Confieso que en ocasiones emprendí rutas que no llevaban mi nombre porque alguien me hizo entender que así era y, ahora, necesito retroceder, no ya en el tiempo, sino sobre mis propios pasos para comprenderlos. Confío en que así la siguiente zancada sea más larga y ágil y me sitúe más allá de lo que esas huellas, ordenadas y engranadas que dejaba, me hubieran colocado nunca. Si me equivoco nada ocurre, porque será avanzar también, siempre que sea capaz de encajarlo por mí misma, sin cubrirme con lecciones ajenas, recordando que sólo mis pasos me hacen dueña de mi vida y consecuente con ella.



viernes, 23 de diciembre de 2011

Querido #PapaConcilia

Aunque pueda parecer que esta carta llega en el último momento, en realidad llega en el momento oportuno porque lo hace en el día especial para los PapásConcilia o NoConcilia de carne y hueso. Hombres que también pelean desde el corazón por estar más visibles, por tener siquiera la oportunidad de decidir si prolongar esos 15 días en familia que se esfuman cuando el vínculo está consolidándose, cuando su presencia y soporte es fundamental para todos. Hombres que se enfrentan a sus propias barreras sociales, esas que señalan que criar es cosa de mujeres, deseando romperlas o saltarlas.

Durante este viaje he hablado muchas veces de conciliación, a veces abiertamente y otras muchas transmitiendo emociones y vivencias, reflejando la tesitura en la que nos encontramos muchas mujeres al recibir la maternidad.  No me pesa decir que llegado el momento decidí renunciar a mi puesto de trabajo para dedicarme a la crianza de mi hija, para dedicarnos ese tiempo una a la otra, porque yo sigo creciendo también gracias a ella. A pesar de todo lo que esto conlleva, que es duro a nivel laboral, no voy a ser yo quién escriba a Papá Concilia, tan sólo me voy a permitir un deseo, uno sólo pero muy grande: que se viva ese cambio de consciencia que permita aceptar la (p)maternidad y la crianza con la importancia y transcendencia que en realidad tienen.

No pido más porque para esta carta mágica quise invitar a mi amor, compañero, marido y padre de la Cereza, a escribirla. Carta que él me entrega y con su permiso comparto. Unas líneas que me emocionan cada vez que las leo, creo que no podría ser de otro modo. Como no sé si visita a menudo este pequeño rinconcito donde buceo voy a aprovechar esta entrada, un poco a lo pirata, para agradecerle ese amor incondicional que siempre me ha demostrado y que me acepte como soy, sin reservas. Qué bonito todo lo que hacemos juntos! Gracias 




Querido Papá Concilia:

Te escribo rápidamente esta carta para pedirte algo que no tengo, es algo que no se puede tocar, ni ver, algo que no pesa, pero que me pesa, sobre todo desde que La Pequeña Maravilla llegó a nuestra casa.

Y te escribo veloz porque lo que me falta es precisamente Tiempo. Tiempo para vivir y dejar de sobrevivir. Tiempo para disfrutar la experiencia de ser papá y no perderme más pequeñas sonrisas. No quiero que las obligaciones me sepulten, que me anulen para lo que de verdad me importa. 

Quiero que mi princesita pueda contar conmigo, estar ahí y que ella lo sienta. No quiero tener que mirar el reloj todo el tiempo que estoy con ella porque ella no entiende de horas ni de relojes. Ella solo sabe de cosquillas y besos, de hacerle de caballito y ver cuentos juntos.

Desde aquí quiero lanzar un grito al vacío con la esperanza de que, a lo mejor entre todos, algún día el eco nos sitúe en el camino hacia la  conciliación entre familia y trabajo y coloque a los más pequeños en el centro de todo, lo más importante.

Por eso Santa Concilia te pido unos horarios de trabajo sensatos, que las ayudas sean destinadas principalmente para los papás que desean quedarse a cuidar a sus hijos en lugar de subvencionar para que los cuiden otros, unificar días de vacaciones entre trabajo y colegio. Te pido, querido Santa, que autoridades y empresas coordinen medidas que ayuden a nuestros hijos a disfrutar de su derecho a ser acompañados por los que más los quieren.

Feliz Navidad y Feliz Santa Concilia!! 

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Y ahora que estamos toda la familia reunida aquí no hay mejor momento para desearos
 ¡¡FELIZ NAVIDAD!!



jueves, 22 de diciembre de 2011

Música Maestro · Noviembre



Al fin publico esta entrada, con cierta vergüenza, dadas las fechas que estamos. Prefiero evitar dudosas excusas y disculparme directamente. Mil perdones :)
Lo que sí os aseguro es que hoy comparto muy contenta el repertorio del mes pasado porque me apetece muchísimo volver escuchar cualquiera de estos temas o uno tras otro!!



NOVEDADES PARA MÍ

No conocía Florence + the Machine y resultó el gran descubrimiento del mes. Gracias lindo Tigre :) junto a Andrew Bird, gracias Hermano Bello 







REFRESCANDO EL MES





EL CLÁSICO DEL MES


Oasis - Don't Look In Anger






martes, 13 de diciembre de 2011

El deseo de ser madre

A menudo se habla de escuchar la llamada de la Naturaleza cuando llega ese momento en que el cuerpo de una mujer reclama de algún modo gestar vida en su interior, dar vida, formar parte de ella siendo madre. Es algo que se acaba abriendo paso a pesar de las trabas sociales que nos inundan con la necesidad, muchas veces adquirida, de tener antes que vivir experiencias o lograr cierta estabilidad que garantice un futuro.

Éstos aspectos pueden influir e influyen a la hora de decidir tener hijos pero, en mi opinión, no pueden acallar el deseo de hacerlo. Porque este deseo se transforma en una llamada que clama desde lo más profundo y, aunque comience difusa, una vez que surge es ineludible. Sientes la vida queriendo abrirse paso en ti, brillando en ti, llamando a ese nuevo ser. Y si el amor acompaña, tus sentidos se despiertan, te vuelves hermosa, repleta de sensualidad, se te afina el pensamiento gracias a la intuición que comienza a practicar, se te vuelca la mirada y destilas ese deseo por cada poro de tu piel. Desde ese instante, una mujer se siente preparada para recibir a la pareja escogida y fundirse en el momento en que sucumban cómplices a esa sintonía que uno solo no puede danzar. A partir de entonces, algo comienza a vibrar alrededor de ambos, envolviéndoles, acunándoles, protegiéndoles tal vez. Algo que proviene del interior mismo de la mujer, el hechizo de la creación en su estado más puro, una verdadera revolución de energía, explosionando partículas de vida, centellas de nuestra esencia entrelazada. Esta magia única se acurruca en su vientre palpitante y cálido, mientras los amantes se miran, se besan o reposan con los cuerpos aún latentes.

Cuando sentí esta llamada imperiosa fui dejando que floreciera mi interior, cantándole nanas para adormecerla con mi mente receptora de esos ecos sociales que te indican cómo y cuándo “deben” tener las cosas lugar. Y así mi deseo floreció y floreció hasta que esas rosas brotaron de mi boca al querer hablar, de mis manos al mostrar las palmas y mutaron la forma de mis pupilas. Deseoso, todo mi interior aguardaba acogerse en el cuerpo y mente de mi compañero y cuando nuestros deseos se encontraron, creí que nunca más volvería a pasar, que al convertirme en madre esa llamada de mujer, esa necesidad de tomar las riendas de nuestra naturaleza y escucharnos, se había cumplido.

Y ahora me sorprendo al comprender que no se corresponde con una única vez sino que es un sentimiento que emerge de nuevo, recobrando su fuerza y su encanto cuando vuelves a sentirte preparada. Por segunda vez ese impulso visceral se va apoderando de mí y se entremezcla con mi día a día, asaltándome con pensamientos y sensaciones que me hacen resonar, que no puedo camuflar porque son inconfundibles. Van más allá de extrañar  la maravilla de sentir la vida en mi vientre, hablo de notar como esas rosas sin espinas se van adhiriendo a las paredes de mi útero de nuevo, cómo se van abriendo camino hacia arriba y hacia abajo, acariciándome por dentro y desprendiendo ese olor intenso en su danza de atracción. Y yo, aun comprendiendo que no es un buen momento, me pregunto cuántas nanas sabré cantarle a mi instinto, a mi cuerpo de mujer, que comienza a sentirse ligero de nuevo, grácil, hermoso y voluble con su poderosa sexualidad. Sabiendo que esas flores alcanzarán de nuevo mi voz, mis manos y mis pupilas para recibir el néctar de esa nueva vida a la que mi alma de madre ya llama.




Colo Villén



miércoles, 7 de diciembre de 2011

100 seguidores: Mi TRIBUto

Alcanzando los 100 seguidores hago balance en mi mente. Parece que cada tanto una prefiere asentar las situaciones hasta asimilarlas y darles forma. Es extraño como este camino que emprendí con la única intención de dar salida a mis inquietudes y sensaciones se ha ido convirtiendo, poco a poco y día a día, en un intercambio de amor.

Quise buscar una ventana donde asomarme y encontré un jardín donde pasear. Quise volcarme desde el anonimato y ahora formo parte de más gente y esa gente vive en mí. Quise dejar de pensar sólo hacia adentro y ahora otros pensamientos me acompañan allá donde voy... y esto es maravilloso. Gracias por permitirme encontrar un pequeño hueco donde lanzar el pareo y tenderme con los pies descalzos. Donde poder pensar en voz alta sin molestar. Donde no se precisa sacar una entrada ni ir con prisas para disfrutar de una función porque, finalmente, todo queda en casa, sin horas, sin tiempo de nuevo. Reconozco que al principio sentía vértigo. Comencé visitando otros hogares, en los que entré tímidamente y fui tomando asiento hasta descubrirme con una mantita en las rodillas, compartiendo una taza caliente, trasladada a otro mundo interior que podía estar a la vuelta de la esquina o en el último rincón de este mundo. Esa es la magia que vibra aquí. Gracias por dejarme la puerta entreabierta.

Con la maternidad y su hermoso torbellino de nuevas emociones, también han llegado nuevas maneras de relacionarme con el entorno. Sin hacerlo de manera consciente, los lazos que me unían en el día a día con otras personas se han ido disipando, no hasta desaparecer ni debilitarse, pero sí se han hecho menos visibles y me cuesta encontrarlos. Mi mundo se ha ido poniendo del revés o del derecho, según se mire, y mi único timón ha sido mi instinto, mi intuición y mis deseos, transportándome algo más lejos de aquí y más cerca de allá. Así son estas cosas, los barcos que no siempre navegan con la corriente suelen llegar a islas desiertas,  paraísos donde el sol y la luna brillan a la vez.

En este camino me he cruzado con mucha gente de corazón, casi todo mujeres, por eso deseo dirigirme a ellas en estas últimas líneas. Mujeres bellas, mujeres intensas, mujeres que sienten, se escuchan, se desmontan y se arman de nuevo. Mujeres absorbentes, perceptivas, que se envuelven de lluvia, de risas, de flores. Que abren su corazón y su mente al mundo, que saben escoger, que muestran sus miedos, comparten sus pasiones, aprenden de sus errores y no reprimen su deseo de expresarse ni se avergüenzan de sus lágrimas. Mujeres como vosotras me ayudáis día a día a refirmarme como la mujer que yo también soy, la madre, la amiga y compañera que deseo ser y vive en mí. Gracias, porque así, sin darme cuenta, en el transcurso de estos meses vivo y duermo acompañada por vosotras. Dejando que cada una, desde ese pequeño paraíso al que su barco llevó en su momento, nos demos las manos sin sentirlas, nos miremos a unos ojos que ignoramos cómo miran y danzando, recojamos los frutos del cariño que nuestras semillas plantan, mientras el sol y la luna nos iluminan a la vez.

Gracias por hacerme sentir parte de esta tribu.


jueves, 1 de diciembre de 2011

Un premio muy floreado

Hoy traigo una entrada de esas en las que se comparte y reparte cariño. Sí, una entrada con un premio precioso, cargadito de flores que me llena de ternura hasta mirarlas. Lo regojo de la mano de Les Deux Moulins desde su blog con el mismo nombre, un blog que os animo a conocer porque está repleto de ingeniosas ideas y elegancia... lástima que yo no sea más manitas! Gracias, preciosa, por pensar en mí! Conocerte está resultando muy gratificante y enriquecedor.




El premio no precisa de nada más que recogerlo con amor y pasarlo a otros 10 blogs! Ooooh, a este ritmo la blogosfera se va a poblar rapidísimo de florecillas rosas! Aquí van mis 10:

- Drew de Viviendo en mi nube azul, por cómo relata sus vivencias y nos tiene enganchadas a su vida
- Carol de Minerva y su mundo, por imprescindible
- Carol de Con ojos de madre, porque la vida con ella es más bonita
- Carol de Nuestra pequeña cría, por su franqueza y carácter. Bueno y porque no me podía dejar a ninguna Carol sin flores... es broma!!
- Noraya de El rumor de las libélulas, por la magia de su blog y sus palabras
- Mamá de Parrulín de Mamá de Parrulín, porque siempre me saca unas sonrisas
- Mousikh de Una mirada al otro lado, por su templanza y calidez
- Silvia de Ser madre:¡toda una aventura!, por su entusiasmo y alegría
- María de La familia Garrapata, por su humor y su visión de la vida
- Jeza de Vega mi dulce de chocolate, porque es una mamá todoterreno y me alegra

Y ahora a que vuelen esas flores! Besos a tod@s!