jueves, 26 de julio de 2012

Te doy mi amor

Te doy mi amor
por cada arrullo,
los besos, las caricias y las nanas.
Por las noches en vela mecida en tus brazos.

Te doy mi amor
por la complicidad en tus gestos.
Las tardes de melocotón y pan con aceite.
Los girasoles con pipas sentada en el tranquillo,
risueña, feliz, inocente.

Te doy mi amor
por la compresión en momentos difíciles.
Quedaron conmigo tus palabras certeras,
aquellas que, sin saberlo, me ayudaron a transitarlos.

Te doy mi amor
por el tuyo inmenso.
Por la conexión al convertirme en madre.
Leer en tus ojos que cada mujer trae con su fuerza seres irrepetibles,
que cada mujer entrega en su leche mucho más que vida.

Te doy mi amor
por tu perdón,  por disculpar mi ausencia en las últimas lunas.
Por comprender que la vida sigue a pesar de los imprevistos y las distancias.
Por saber que el amor conoce otros caminos, más allá del mar azul y los olivos.

Te doy mi amor
por hermosa, por bonita,
por ser única como fuiste, como siempre serás.
La matriz: dadora de vida a mi madre, ofreciéndome la increíble oportunidad de existir.

Te doy mi amor
para llenar con él el hueco de tu partida.
Cuando escogiste la noche para dejarnos.
Abriendo el camino, abuela, cerrando tu ciclo.

Sincera. Blanca. Agradecida. En paz.

Te doy mi amor.


A mi abuela Dolores




miércoles, 18 de julio de 2012

El último atardecer


Cuando llegue mi propio atardecer creo saber dónde desearía que me alcanzara. Aunque sea un lugar desconocido aún, aunque pudiera resultar poco hermoso o acogedor para algunos. Aunque, en muchas ocasiones, no encuentre cabida la elección.

No escogemos donde nacer, tal vez podamos influir en el cómo o el cuándo, pues deseo pensar que si todo sigue su curso somos nosotros los que decimos abandonar el vientre cálido de nuestra madre. Y su cuerpo sabio, que ya lo intuye, se prepara para ello, haciendo el camino de la mano, danzando al mismo son. Pero elegir el lugar no creo que resulte tan fácil, tal vez podamos transmitir sensaciones, tal vez éstas sean tan sutiles que la madre las interprete como propias o bien nos las atribuya a nosotros sin ser del todo cierto… es tan delicada y estrecha la comunicación en esos instantes, durante la gestación,  que a veces me gusta fantasear con cuánto hay de cada cual en los movimientos, las decisiones, las impresiones... aunque emplee la imaginación en exceso.

Hoy me sitúo al final del trayecto, cuando éste ha sido un fluir largo y constante, más o menos tranquilo y nos encontramos en el delicado umbral antes de marchar. Es probable que para entonces nos podamos sentir dependientes de nuevo, la extraña regresión de la vida, en la que retornamos al sostén, ahora en brazos de aquellos a quienes sostuvimos, si la vida y el amor nos acompañan, por supuesto. Es probable que tal vez no nos encontremos, o así pueda parecer, capacitados para discernir o decidir con claridad y firmeza… o simplemente se trate de reinventar las señales. Es probable que nuestro ritmo natural quede relegado ante la posibilidad de continuar un poco más: la delgada línea a la que agarrarse, esa a la que llamamos Esperanza, así, en mayúsculas. Porque con ella se queda o se marcha todo lo que simboliza una vida junto a alguien, gracias a alguien.

Pero, a veces, esto supone vivir día tras día en lugares fríos, al son de ritmos ajenos, lejos de tu luz, de tus objetos, tus manías, tus sábanas, los olores cotidianos, el crujir de tus ventanas y los dibujos de tus baldosas. Debe surcar tu cuerpo un velero de sensaciones que sólo a ti te pertenecen, que han marcado tu carácter, que son tan parte de ti como tú de ellas. Deben regresar aromas, sabores, caricias, rostros y situaciones que brotan de cada rincón de tu mente marchita para hacerte saber que siempre estuvieron ahí, formando parte de tu todo...  Quizá también emplee la imaginación en exceso, pero me cuesta imaginarlo de otro modo.

Si pudiese elegir, si pudiera borrar la línea mágica que es la Esperanza, creo que elegiría aguardar mi último atardecer en mi hogar. En mi cama, mi sofá, mi sillón, mi jardín o cualquier otro lugar que adorase. Acompañada por mis seres queridos, tal vez acariciada, tal vez en soledad o tal vez contemplada desde el amor, sin compasión, sin pensar que me rendí. Si pudiera elegir preferiría esperar mi otoño sin luces que cegaran, sin murmullos o palabras tal vez no deseadas entonces, aun cuando ciertas ayudas vinieran conmigo. Poder volar sin que quede inmediatamente registrada la hora del éxitus en un informe y mis pertenencias en una bolsa oscura que aquellos que me amen recojan.

Quizá sea egoísta o suponga  tirar la toalla, quizá llegado el momento no fuera capaz, me turbaran mis miedos, la ilusión de ver sonreír a un nuevo biznieto o simplemente me abstrajera para no dañar a quien me acompañase y deseara parar el reloj del tiempo. Quién sabe.

Nos hemos acostumbrado a que al nacer, a menudo innecesariamente, nos alejen de los brazos maternos de bienvenida sin consultar. Nos hemos acostumbrado a decir adiós de una manera condicionada e impersonal en muchas ocasiones. El principio y el fin llevan consigo un componente emocional y ancestral que merece un respeto y cada cual debiera poder gozar de al menos unos instantes para transitarlos a su medida. Siendo como somos seres únicos.

Hoy, aun sabiendo que es un tema controvertido y delicado, viajo con el pensamiento a un lugar que tal vez aún no conozca y sueño con un futuro que de puro incierto nada puede asegurar. Sólo deseo que si mi último atardecer me alcance con avanzada edad, en paz, amando y sabiéndome amada, ganando y otorgando un perdón más, serena, acompañada,  pudiendo escoger regresar allá donde entonces considere mi hogar,  donde tanto di de mí.




martes, 10 de julio de 2012

Afortunada


Me siento afortunada por reír, resonar, no frenar la alegría. 

Afortunada por llorar, expresar mi sentir, por desatar nudos con mi agua salada.

Afortunada por expresarme, por dar opción al diálogo, con respeto, por decir negro si siento negro o, al menos, gris oscuro.

Afortunada por los gestos ajenos que cambian el ritmo de las cosas, por asomarme al paréntesis paralelo que amortigua si le dejas espacio.

Afortunada por los días de sol, el mar brillante, la luna mora, las noches de mosquitos en el jardín. Porque habite la magia bajo cualquier piedra: pequeña, grande, embrutecida o brillante.

Afortunada al correr agua fría en mis pies, el sabor del limón puro, ácido, alegre en verano. Cobijarme a la sombra de una savina, un algarrobo, una higuera que estrena vestido de hojas perfumadas.

Afortunada por cometer errores, por traspasar puertas que tal vez no deseaba cruzar, por aprender a mirar por la cerradura y templar mis impulsos.

Afortunada por mecer el tiempo con consciencia, por crecer, avanzar, ser hija, madre, hermana, cuñada, amiga y mucho más. Asimilar que formamos parte de un hermoso engranaje de relaciones.

Afortunada por sentirme acompañada aquí, ahora. Nutrir las raíces de amistad voladoras que recogen pensamientos impregnados de cariño. Afortunada por transformarlos, que me transformen y liberarlos de vuelta.

Afortunada de saber maravillarme, porque la fortuna sea algo abstracto que pende cerca de hilos invisibles para que nos enredemos en ella aun sin saberlo.

Afortunada por respirar, por la sangre que fabrico. Por amar y vivir con pasión, allá donde nos conduzca.

Me siento afortunada por mí, por ti, por compartir siquiera estos instantes con la certeza de que ambas tenemos motivos para sabernos dichosas.




domingo, 8 de julio de 2012

2 premios refrescantes y 1 reto chispeante!

Hoy he dedicado la tarde a pasear por blogs amigos y ha sido una maravilla recoger en algunos unos detallitos cargados de cariño y alegría: muchas gracias!!!

Como lo hermoso está en compartirlos, pues allá que voy.


Este premio al parecer navegó a través de las fan page de Facebook, no sé si seré capaz de sobrevivir a un intercambio de premios también por allí, pero como de momento se ha abierto hueco en la blogosfera pues lo recojo encantada y llena de cariño hacia Marta, de Mà a Mà, pell a pell i cor amb cor, porque además de una gran amiga es una mujer muy especial. Gracias linda!!

El requisito que trae consigo es repartirlo con 5 blogs con menos de 200 seguidores. Con amor:

Carmen, de La Gallina Pintadita
Marián, de De repente Mami
Mousikh, de Una mirada al otro lado
Mo, de Blogueando de mi peque y otras cosas
Montse, de Mi espacio para Ernesto



Este otro premio tan hermosísimo me lo traigo de casa de Marián, de De repente mami. Gracias, linda, es un premio precioso que transmite silencio y calma, me encanta!!! Un abrazo gigante!!

Me gustaría compartir este premio llenito de dulzura con:

Carol, de Nuestra pequeña cría
Paula, de Caricias de colores
Carol, de Minerva y su mundo
Mica, de Mirando tus ojos aprendí
Esa niña que vive dentro de mí


Y por último, llegó a mí el Reto: La frase de tu vida, desde la casita de mi querida amiga Carol, de Con ojos de Madre. El reto consiste en compartir una frase que te guste, explicar por qué y retar a otros 5 blogs. Gracias Carol, millones de besitos!!

El texto que voy a escoger es un poco largo, pero me acompaña desde hace mucho tiempo, ni siquiera sé de quién es. Me encanta, a veces lo recito en mi mente, me ayuda a centrarme, a parar, a serenarme, a comprender. Tanto es así que le busqué un rinconcito permanente en el blog, lo podéis ver en la parte inferior. Ahora lo comparto aquí con mucho amor:

El amor consciente tiene sus propias leyes, su propia fragancia, su propio color. Requiere atenció, perceptibilidad y motivación. Hay que ser tan cuidadoso para desarrollarlo como el que pretende coger una mariposa de sus alas sin quedarse con el polvillo en la yema de los dedos. Hay que considerar en lugar de anhelar ser considerado, poner los medios para que la otra persona sea feliz y crezca interiormente, aun a riesgo de que luego la perdamos.

Ahora me toca retar a 5 blogs, ahí va amig@s:


Lídia, de Estimant la vida i la llibertat
Silvia, de La mamá corchea
David, de Y papá también
Vanesa, de La Orquídea Dichosa
Drew, de Viviendo en mi nube azul


Besitos y alegría, feliz verano!