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miércoles, 7 de diciembre de 2011

100 seguidores: Mi TRIBUto

Alcanzando los 100 seguidores hago balance en mi mente. Parece que cada tanto una prefiere asentar las situaciones hasta asimilarlas y darles forma. Es extraño como este camino que emprendí con la única intención de dar salida a mis inquietudes y sensaciones se ha ido convirtiendo, poco a poco y día a día, en un intercambio de amor.

Quise buscar una ventana donde asomarme y encontré un jardín donde pasear. Quise volcarme desde el anonimato y ahora formo parte de más gente y esa gente vive en mí. Quise dejar de pensar sólo hacia adentro y ahora otros pensamientos me acompañan allá donde voy... y esto es maravilloso. Gracias por permitirme encontrar un pequeño hueco donde lanzar el pareo y tenderme con los pies descalzos. Donde poder pensar en voz alta sin molestar. Donde no se precisa sacar una entrada ni ir con prisas para disfrutar de una función porque, finalmente, todo queda en casa, sin horas, sin tiempo de nuevo. Reconozco que al principio sentía vértigo. Comencé visitando otros hogares, en los que entré tímidamente y fui tomando asiento hasta descubrirme con una mantita en las rodillas, compartiendo una taza caliente, trasladada a otro mundo interior que podía estar a la vuelta de la esquina o en el último rincón de este mundo. Esa es la magia que vibra aquí. Gracias por dejarme la puerta entreabierta.

Con la maternidad y su hermoso torbellino de nuevas emociones, también han llegado nuevas maneras de relacionarme con el entorno. Sin hacerlo de manera consciente, los lazos que me unían en el día a día con otras personas se han ido disipando, no hasta desaparecer ni debilitarse, pero sí se han hecho menos visibles y me cuesta encontrarlos. Mi mundo se ha ido poniendo del revés o del derecho, según se mire, y mi único timón ha sido mi instinto, mi intuición y mis deseos, transportándome algo más lejos de aquí y más cerca de allá. Así son estas cosas, los barcos que no siempre navegan con la corriente suelen llegar a islas desiertas,  paraísos donde el sol y la luna brillan a la vez.

En este camino me he cruzado con mucha gente de corazón, casi todo mujeres, por eso deseo dirigirme a ellas en estas últimas líneas. Mujeres bellas, mujeres intensas, mujeres que sienten, se escuchan, se desmontan y se arman de nuevo. Mujeres absorbentes, perceptivas, que se envuelven de lluvia, de risas, de flores. Que abren su corazón y su mente al mundo, que saben escoger, que muestran sus miedos, comparten sus pasiones, aprenden de sus errores y no reprimen su deseo de expresarse ni se avergüenzan de sus lágrimas. Mujeres como vosotras me ayudáis día a día a refirmarme como la mujer que yo también soy, la madre, la amiga y compañera que deseo ser y vive en mí. Gracias, porque así, sin darme cuenta, en el transcurso de estos meses vivo y duermo acompañada por vosotras. Dejando que cada una, desde ese pequeño paraíso al que su barco llevó en su momento, nos demos las manos sin sentirlas, nos miremos a unos ojos que ignoramos cómo miran y danzando, recojamos los frutos del cariño que nuestras semillas plantan, mientras el sol y la luna nos iluminan a la vez.

Gracias por hacerme sentir parte de esta tribu.