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jueves, 14 de enero de 2016

Conciliación, Congreso, opiniones. Y una teta.

Se coló un bebé en el Congreso. Un bebé que toma teta. Y además con seis meses, que socialmente parece ser una edad suficiente para estar sin su madre y sin mamar, por supuesto.

He leído algunos comentarios que verdaderamente me han sacudido. Y lo más hiriente es que todos ellos provenían de otras mujeres. Mujeres muy diferentes entre sí arrojando su suporioridad sin filtros. Y yo sigo preguntándome qué es lo que nos remueve así al ver que otra mujer afronta su maternidad de manera distinta a la nuestra. No me excluyo. Reconozco que se me hace difícil comprender que una madre opte por separarse de su bebé al poco tiempo de nacer. Puedo respetarlo y he demostrado que lucharé igualmente para que su elección sea respaldada y posible. Pero no lo comparto.

Que exista un servicio de guardería a su disposición no implica que deba usarse, como se ha insinuado. Que pueda quedarse bajo el cuidado de otra persona, sea quién sea, no implica que deba hacerse. No son más que opciones.  Tan válidas como llevarlo consigo. Sea Carolina Bescansa o sea quien sea. La diferencia es que ella ha podido hacerlo y millones de mujeres no podemos.

Claro está que se trata de algo puntual, no estamos preparados para ralentizar nuestro ritmo hasta ajustarlo al de los niños. Y por lo visto tampoco lo estamos para aceptar lo más básico: el cuerpo de la madre como primer hogar y alimento, la necesidad de recibir y dar protección, el apego.

Desconozco si de manera subyacente pretendía o no reivindicar la necesidad de replantear las medidas conciliadoras vigentes, y de paso también las propuestas, pero el simple hecho de no negarle el pecho a su hijo por estar donde estaba, ni esconderse, ni justificarse por ello ya merece mi simpatía. ¿Sabes Carolina? Yo tampoco me escondo. Si mi hija quiere pecho ahí estoy. En la calle, en reuniones, en restaurantes, en la cafetería del trabajo si su padre la acerca. Y también lo haría en el Congreso. Porque creo en esto. Sé que ella no entiende de convencionalismos, ni falta que le hace. Y no le niego, ni me niego, el placer de ser mamíferos. Se llama instinto.

En cuanto a lo que opinen los demás... ¿Conocéis el refrán Ande yo caliente ríase la gente? Pues lo mismo pero con la teta.

Colo Villén


viernes, 7 de agosto de 2015

Re-Concilia-acción

Voy a hablar de conciliación, aún sin contar nada nuevo, tengo la necesidad de expresar lo que siento. Estos últimos días he vuelto a debatir acerca del tema, conversaciones a golpe de móvil, intercambio de visiones, afianzar lazos e ideas. Me he vuelto a sentir comprendida y fuerte, he vuelto a sentir latir al león y a agradecer su rugido.

La conciliación, o mejor expresado la falta de ésta, es una de mis batallas abiertas, ya se sabe, no se puede estar en todo para no perder fuerza.  Y mí visión se ha ampliado con la llegada de mi segunda hija. Nuevas limitaciones ante viejas circunstancias. Vivir con los días acoplados al minuto.

No es una queja a modo personal, dispongo de un buen horario y comprensión en la empresa, sino el deseo de expresar que hay medidas que, a nivel general, deberían ser valoradas. La racionalización de horarios es algo que debería haberse implantado hace tiempo y ni siquiera existen propuestas políticas en nuestro país, donde la jornada partida continúa siendo la más extendida y la que ofrece peores resultados. Arhoe, lleva años luchando por ello de manera seria, si alguien está interesado les recomiendo consulta su web o contactar con ellos. Una jornada de ocho horas diarias dividida en dos tandas no puede ser compatible con el cuidado de los hijos, o de cualquier otra persona que requiera de atención. Si al menos uno de los progenitores goza de jornada intensiva, gran parte del problema estaría resuelto. Pero no todas las familias son iguales y las circunstancias pueden ponerse muy en contra según sea. Y aquí hablo sólo del cuidado básico, no vayamos a tener en cuenta la necesidad de estar junto a nuestros hijos y acompañarles mientras crecen.

Hablemos ahora de la falta de protección a la infancia. En este punto, a mi parecer, es donde se aprecia la mayor carencia de nuestra legislación y conciencia social. Se mantienen leyes y proponen iniciativas siempre en el mismo sentido: cuidar a los niños mientras sus padres cumplen la jornada. Guarderías, centros de estudio, escuelas de verano, públicas o privadas, ampliando horarios y ratios con el fin de asegurar a los padres un espacio “adecuado” donde se ocupen de sus hijos durante su ausencia.  “Adecuado” porque habilitado para menores no tiene necesariamente que ser sinónimo de adecuado. Para mí no hay nada más adecuado que un niño acompañado de sus padres, los dos o uno sólo, al menos. Ese es su lugar natural, ese es el lugar que deben ocupar unos y otros, estableciendo contacto, educando, aprendiendo, enseñando. Ese exactamente. Lo demás son apaños.

Que no se contemple esta necesidad me entristece y esa tristeza acaba transformada en frustración, porque desde hace años voy profundizando en el tema de la conciliación y he conocido historias realmente trágicas y he podido presenciar cómo se aparta la mirada ante este hecho. No existe una conciencia social de cuidado al menor, existe una conciencia de cuidado a los adultos. Eso sí. Y de paso si se cuida al menor, pues tanto mejor, pero no se plantea este hecho como la finalidad de la mayoría de las acciones que se llevan a cabo en nombre de la conciliación.

Se habla de conciliación y todo el mundo desea arrancar un pedacito de este derecho que siente que le están robando. Todos deseamos más tiempo para nosotros, el día nos parece corto y los minutos demasiado preciados. Pero tener hijos, o personas a tu cargo, es un plus. Un plus que se vive como una renuncia, no porque lo sea, que no lo es sino más bien una adaptación, pero socialmente se nos empuja a sentirlo así y lo tenemos asumido. La maternidad implica renuncia. Si tienes hijos pierdes libertad e identidad. Tu tiempo es para ellos. Podría sonar bonito, pero no lo es. Dispones del tiempo que tus obligaciones te dejan libre. Es decir, arréglatelas para hacerlo lo mejor que puedas.  Las madres (aunque emplee este término también me refiero al padre o tutor) no tenemos reconocido ningún derecho que acoja toda una serie de situaciones reales que se presentan en relación a nuestros hijos y esto, finalmente, repercute en nuestra vida profesional porque se deja en mano de la relación que cada trabajadora mantenga con la empresa. Es decir, favores. Y me refiero a imprevistos: niños enfermos, locura para “colocarlos” mientras trabajamos cuando claramente necesitan nuestros cuidados y presencia, salidas al pediatra, adaptación en escoletas y centros, etc. Por favor, que esta situación se normalice ya, ¿no creéis? Como primeros responsables del bienestar de nuestros hijos ¿no pensáis que debemos ser quiénes se hagan cargo de ellos cuando enferman?... pues no, siempre existirá una opción B y como nos acostumbramos a todo, se pasa página.

Con esto quiero plasmar la impotencia de ver cómo el tener menores a tu cargo supone asumir una postura de favoritismo en el ámbito laboral, de manera que a menudo se crean conflictos entre compañeros por el hecho de entenderse este punto como un privilegio por disponer de cierta flexibilidad (si es que la hubiera). El principal argumento empleado por quiénes no tienen hijos ni personas a su cargo es que también tienen asuntos que atender. Es comprensible. Pero este argumento no excluye a las personas con hijos. Al margen de los hijos también se tiene otros asuntos que atender, y otras inquietudes y otras necesidades. Y tampoco se dispone de tiempo para ello. Porque el tiempo que esa madre (o padre, repito) se ausenta de su puesto de trabajo no es para su propio cuidado o beneficio. Atender a un hijo en la enfermedad o llevarlo al pediatra es un derecho que todo menor debería tener reconocido. Si continuamos alimentando estos argumentos jamás se romperá esta cadena de favor y deuda hacia compañeros y superiores. Pero parece ser que tragar con ello también viene en el pack de madre trabajadora.

Las pocas medidas de las que podemos disfrutar para el cuidado de nuestros hijos se reducen a los permisos por maternidad y paternidad, escasos ambos. Cualquiera que haya estado en contacto estrecho con un bebé sabrá que con 16 semanas no está preparado para estar separado de sus padres. Ni la madre tampoco lo está (pero este tema da para otro texto propio).  Cualquier argumento que deseen vendernos y queramos aceptar se desploma ante el instinto y el sentido común.  El permiso de lactancia me parece poco más que una excusa para poder alargar un poco más maternidad y así aproximarse, al menos, al mínimo que sugiere la OMS en cuanto a lactancia materna exclusiva (6 meses) que además debería ser a demanda. Poder compaginar lactancia materna y trabajo es posible pero puede resultar una odisea si decide tomar la hora diaria que nos corresponde hasta que el bebé cumpla 9 meses. Muchas mujeres abandonan la lactancia en este punto por falta de medios y apoyo. La reducción de jornada por cuidado de hijos, sería una buena opción sino supusiera en la realidad un motivo de discriminación laboral. Al igual que las excedencias. Vamos, que si no trabajas para el Estado es bastante probable que tu situación laboral varíe, y mucho.

Hay muchísimo por hacer, cierto. Pero hay aún mucho más por entender. Y ahí es donde me vuelco. Deseo colaborar en construir una sociedad más sensible a estas necesidades, ciudadanos que empaticen con los menores (y sus padres), que crean en fortalecer las relaciones desde los cimientos. Nos pasamos media vida tratando de solucionar lo que estropeamos en la otra media. Me conformaría con que comenzásemos a verlo. La maternidad no debería llevar implícita una renuncia, porque es una oportunidad para el presente y para el futuro. Y la tenemos ahí, día a día, a nuestro alcance.





domingo, 1 de marzo de 2015

Lactancia y trabajo. Permiso y ausencias.

Atravieso mi segunda lactancia. Una segunda oportunidad para reencontrarme conmigo y entregar lo mejor de mí. Y no lo digo de manera figurada, por adornar estas palabras, sino porque sigo maravillándome de producir el alimento que sustenta la vida de mi hija y de entregarlo en el hermoso gesto de amamantar, de ofrecerme.

Esta segunda experiencia está resultando muy diferente a la anterior, no sólo debido a que yo soy distinta sino porque las situaciones son abismalmente diferentes, incluso opuestas.

Con esta segunda maternidad me incorporé a la vida laboral al cumplir el permiso, escaso y delirante, de 16 semanas. Opté entonces por tomar nuestro derecho a esa hora diaria de lactancia, insuficiente también, repartida en dos tandas a lo largo de mi jornada laboral. Lo hice de este modo porque mi intención era, precisamente, emplear esa hora en la lactancia, de manera que podía ausentarme un cuarto de hora para extraerme leche y conservar los 45 minutos restantes para amamantar a mi hija cuando su padre me la acercaba al trabajo. 

De este modo nos hemos podido coordinar de manera aceptable, a pesar de que una hora diaria sea poco tiempo para contener, para mimar, para compartir, para extraerte leche y para cualquier cosa relacionada con la crianza de un hijo. Hemos estado muy a gusto y hemos sabido templar las distancias. Debo reconocer que he encontrado gran apoyo en mi lugar de trabajo, que en ningún momento me he sentido presionada ni se me ha puesto ningún tipo de traba, al contrario, se me facilitó un espacio para poder realizar las extracciones con intimidad e higiene (vamos que no fue en los aseos como sé que en otros lugares ocurre). He obtenido respeto y lo deseo agradecer desde aquí, porque a pesar de ser un derecho, me siento afortunada y agradecida de que haya resultado tan cómodo, sabiendo como sé que no han sido muchas las madres lactantes que han optado por este modo de hacer las cosas en mi empresa. No puedo quejarme por la experiencia, la verdad. Mi queja va hacia la falta de medidas que apoyen la crianza.

Un periodo de 16 semanas de baja maternal es ridículo. Una hora al día hasta que el bebé cumpla 9 meses es insuficiente. Y el modo en que puedes hacer uso de ese derecho es confuso, puesto que dispones de una hora si la tomas en medio de la jornada. Es decir, que si tu opción es entrar o salir una hora antes, el permiso se reduce entonces a la mitad… sí, así es. Y acortar la jornada media hora difícilmente va a beneficiar la conciliación familiar.

Hay mucho de corazón para aportar si desease contar todo lo que J. está sumando a mi vida, pero mi intención es centrarme ahora en el aspecto práctico de compaginar lactancia y trabajo.

Al principio se me hizo un mundo.  Sin experiencia  ni  referencias en cuanto a extracción, manipulación y conservación de leche materna. Cuando logré manejar la situación y se estabilizó comprendí que no entraña gran dificultad y que la verdadera barrera no era más que la incertidumbre  y la ansiedad que genera la inminente separación de tu bebé, el tener que adaptar lo natural a lo antinatural. Eso sí que es un verdadero obstáculo.

Comencé a preparar un banco de leche un par de semanas antes de incorporarme.  Al principio la extracción no fue fácil, comencé empleando “sacaleches" tanto manual como eléctrico y fue frustrante. La cantidad que obtenía era escasa y me costaba encontrar el momento adecuado para hacerlo, puesto que las tomas aún eran muy continuas y la situación familiar en esos momentos no me permitía reservar un rato tranquilo, sin interrupciones. Aun así, logré congelar leche suficiente por si se presentaba cualquier imprevisto y debían tirar de ella en mi ausencia. Llevé la mitad a la escoleta donde cuidarían de J. mientras trabajábamos y de  este modo, garantizaba tomas de emergencia durante si fuesen necesarias hasta conocer el ritmo que marcaría J. Tengo que agradecer a su monitora que pusiera todas las facilidades del mundo para que esto saliera bien, transmitiéndome tranquilidad y confianza, a pesar de suponer un reto también para ella puesto que no se había dado nunca antes alimentación con leche materna en el centro. Gracias por respetar mi elección y por hacer juntas este aprendizaje.

A la falta de tiempo y condiciones adecuadas para una extracción tranquila y exitosa había que sumar ni mala relación con los extractores de leche. Tal vez un poco mejor con el manual que con el eléctrico, que no me gustó en absoluto, pero aun así lo encontraba engorroso. Había leído acerca de la extracción manual, y cuando digo manual es literalmente. Así que con paciencia, práctica y confianza acabé cogiéndole el truco y a partir de ahí fue despegar. Las extracciones fueron sencillas y más o menos rápidas, sin grandes agobios. Logré encontrar un momento ideal para hacerlo, ya con nuevos ritmos todos en casa. Me levantaba un rato antes para extraerme la leche que esa misma mañana le darían en la escoleta. En el trabajo, empleaba 15 minutos para una rápida extracción, puesto que no precisar de aparatos facilitaba enormemente la tarea, no había artilugios que limpiar ni que transportar ni nada de nada. Tan sólo mis manos, un lugar tranquilo, un recipiente apto para uso alimentario y una nevera portátil con placas de frío. Esa leche era una pequeña reserva de cara al día siguiente que, principalmente, me aportaba tranquilidad de cara a la extracción de la mañana, por si surgía cualquier imprevisto que no me permitiera obtener la cantidad que J. solía tomar poder complementar con ella.

A lo largo de la mañana me traían a la niña y esos ratos con ella han sido preciosos y preciados. Nos alimentamos una de la otra y nos ayudaba a sacudir distancias. Gracias, J. por hacerlo todo tan fácil, por tu rápida adaptación y tu capacidad de aprendizaje y conquista. El gran mérito ha sido tuyo, vida mía.

Al interesarme acerca de la extracción manual busqué información en Internet y di con algunos textos, bocetos y vídeos que fueron de utilidad. No obstante, quisiera explicar mi experiencia por si pudiera ayudar a alguna otra mujer.

A mí me funciona masajearme el pecho en círculos para luego sacudirlos enérgicamente pero sin lastimarme. Me sitúo de pie y a continuación me inclino hacia adelante y en esta postura realizo la extracción, el hecho de colocarme así no lo he leído ni visto cuando recababa información y deseo compartirlo porque para mí ha resultado clave. Considero que facilita enormemente el que la leche deposite en el envase y tengo la sensación de que también ayuda a que fluya.

Para la extracción basta con que se presione justo al final de la aureola, sin fuerza pero con firmeza y sin deslizar los dedos. Es como dar un "pellizco" manteniendo la presión durante unos segundos para luego relajar y volver a repetir. No es necesario levantar los dedos entre apretar y relajar puesto que se trata más bien de un movimiento continuo en el que vas haciendo el juego de presionar y relajar alternando unos segundos según el ritmo de extracción que te venga bien.

Cuando veo que la leche deja de salir con facilidad, levanto los dedos y repito la serie presionando sobre otros cuadrantes del mismo pecho. Luego repito ciclo con el otro pecho. Y así voy alternando hasta obtener la leche deseada o hasta que cuesta mucho sacar más. Advierto que en mi caso, no sé si a otras mujeres les pasará porque no he hablado con ninguna aún, no me resulta fácil ni cómodo presionar desde todos los ángulos del pecho, de manera que lo hago desde aquellos en los que la cosa va bien y no me lastimo.

Hay momentos en los que parece que la leche se "agota" pero si continúas estimulando a veces viene un golpe de leche y ésta emerge con fuerza. En estos momentos la extracción es muy poderosa y podrás apreciar la intensidad del flujo. No dejo de asombrarme con nuestro cuerpo y ahora entiendo mejor lo que debe sentir mi hija cuando notas el golpe y contemplas su mandíbula marcando el ritmo con determinación y la oyes tragar de manera abundante. Por el contrario, si pasados un par de minutos apenas extraigo unas gotitas entonces doy por finalizada la extracción.

Desde aquí animaría a toda mujer a probar, aunque no tenga necesidad de extraerse leche, puesto que puede ser de gran ayuda para afrontar posibles obstrucciones o mastitis. Me parece revolucionario tal y como se nos vende hoy en día la maternidad, con esa gran dependencia de aparatos. ¡La extracción manual sólo tiene ventajas! Es ligera, puesto que no precisas cargar con el sacaleches. Es rápida e higiénica puesto que basta con lavarte muy bien las manos. Y lo más importante, para mí, es que te ayuda a integrar tu feminidad, a conocer mejor tu cuerpo, a admirar sus cambios y entender su funcionamiento. Eres un agente activo en la extracción y no pasivo, no te "sacan” la leche sino que te la extraes. Es un matiz, lo sé, pero emocionalmente me resulta reconfortante.

Os cuento todo esto porque ya han pasado 9 meses y, según nuestras leyes, ya es suficiente. Se acabó el permiso de lactancia y con él nuestro encuentro a media mañana. Debe pensar la sociedad que un bebé de 9 puede pasar alrededor de 9 horas sin oler ni tocar a su madre pero es algo enfermizo. Ese bebé y esa madre podrán hacerlo, se adaptarán, claro que sí, pero no deberían.
Hoy lloro por esta injusticia. No por la leche que mi hija tomará o dejará de tomar en mi ausencia, sino porque esta falta de protección y cuidado a la infancia se disfrace de normalidad.

Ánimo mujeres del mundo, hasta que cambie radicalmente esta situación, sigamos amamantando así como encontremos abrirnos camino, porque si algo he aprendido en esta etapa es que podemos marcar la diferencia, hacer visible la lactancia y, poco a poco, ir normalizándola. Es un inicio.



             


             

miércoles, 26 de septiembre de 2012

¿"Tiempo de calidad" ?


Lo confieso.

No creo en el “tiempo de calidad”.  Me parece una excusa para justificar precisamente el tiempo que se pasa separados de los hijos por motivos laborales.

Creer firmemente que es preferible pasar poco tiempo pero atentamente es como dar por hecho que de poder dedicarles más minutos éstos se encontrarán vacíos de atención, cariño o presencia. Y no puedo dar por válida esta afirmación.

Para mí el tiempo en cantidad para la crianza es primordial y si éste es de calidad, con verdadera atención durante gran parte del día, tanto mejor. Probablemente no podemos estar cada instante al 100%, pero ¿acaso somos capaces de desconectar por completo en los escasos momentos que deja la agenda laboral al llegar a casa?

Lo reconozco.

Cuando pasaba día y noche junto a mi hija, tampoco era una constante dedicación en exclusiva. Entretanto sacaba adelante otras tareas y necesidades propias, tratando de compaginar cada una de ellas con el grado de desarrollo y atención que ella precisaba.

Ahora, cuando llego a casa, tengo que hacer malabares para arañar un rato de calma para nosotras, porque nadie ocupa el lugar que he dejado libre aquí y eso se nota, mucho, y se traduce en un suma y sigue que acaba con la energía y, a veces, la paciencia.

¿Podemos decir que es suficiente con ese rato juntas en la noche? ¿Podemos afirmar que nuestro tiempo es estupendo porque es “de calidad”? Yo no. Y podría afirmar que ella tampoco. Necesito de su presencia, de su compañía. Por mucho que la lactancia y las noches compartiendo almohada nos hagan de balsa para el amor y la protección.

Me cuesta concebir que se pueda siquiera dar opción a que haya niños solos  y que ésta idea esté tan extendida. Socialmente es aceptado que los niños pasen por distintas manos y hogares a lo largo del día. De la escuela infantil a casa de un familiar, de casa de un familiar a casa de un amigo y así infinidad de fórmulas para evitar que ese menor se quede desprotegido mientras sus padres, los dos, se encuentran cumpliendo con su jornada laboral, compensando esta carencia con un "tiempo de calidad". Sorprende que no se trabaje concienzudamente en regular los horarios de manera que se anulara la opción por sí misma de que un niño o niña se pudiera encontrar desatendido, que dicha situación no tuviera siquiera cabida.

Pensar en una sociedad que no escucha estas necesidades me produce una de las tristezas más profundas. Parece que bajo el lema: “Saldremos adelante” todo está permitido y continuar apartando la mirada hace cómplice al que no le afecte directamente la situación.

No deseo dejar de trabajar. Ya aparqué mi faceta profesional durante más de 2 años para sumergirme en la crianza presente y ahora estoy viviendo las consecuencias de dicha decisión en el terreno laboral, aparte del tema económico, al perder la posición profesional, al tener que comenzar de cero en un muevo sector ajeno a mi carrera y desconocido para mí hasta el momento. Hay quién desea verlo como una oportunidad y así lo asumo, pero si lo pienso fríamente no deberían suceder este tipo de cosas. No me desagrada mi trabajo, trato de desempeñar con amor y dedicación cada cosa que me propongo porque tengo la convicción de que eso, directa o indirectamente, aporta luz a mi vida.

La solución no está en renunciar a todo aquello que se ha logrado o en regresar uno de los dos al hogar. La solución se encuentra en hacernos entre todos responsables de esta realidad. Hacer la maternidad y paternidad visibles, dar cabida a los niños socialmente y respetar la infancia. Respetar, a la vez, la necesidad de muchas madres y padres cuyo instinto les frena a ceder el cuidado de sus hijos a terceras personas con tan sólo 16 semanas de vida y de contentarse con un “tiempo de calidad” más allá.

Por esto mi deseo habla de un tiempo que parte de la cantidad para cultivar la calidad. De horarios compatibles con la infancia para, al menos, un miembro de la familia. De cambiar el “presentismo” por el trabajo por objetivos. De fomentar el teletrabajo siempre que las condiciones laborales sean favorables a ello. De defender a la mujer embarazada cuyo puesto de trabajo peligra o sufre moving laboral. De defender al padre que desea formar parte activa en el círculo de crianza. De ser más humanos y menos robots. De abrazar la infancia y protegernos unos a otros.



 Este post ha sido escrito para celebrar el I Aniversario de la plataforma social Conciliación Real Ya de la cual me siento afortunada de formar parte y le agradezco todo este año de experiencias y aprendizaje. Gracias compañeras y compañeros, no perdemos la ilusión!

miércoles, 15 de agosto de 2012

Mirar hacia otro lado

Durante estos dos meses me he encontrado inmersa en grandes cambios: familiares, personales, de rutina, físicos y mentales. El verano ha irrumpido para poner a hervir hasta las raíces.

Me he adaptado sorprendentemente bien a volver a trabajar, a los horarios, a desarrollar y aprender nuevas tareas en un área completamente desconocida para mí. No me va mal, no puedo ni deseo quejarme. El trabajo, en nuestra situación, es muy bienvenido. Pero me siento vibrar a una frecuencia diferente, imperceptible a menudo por los demás, que tratan de ofrecer palabras y opciones que me llevan a pensar que, o bien no escuchan o comprenden lo que expreso, o bien éstas forman parte de la inercia condicionada que nos lleva a actuar de determinada manera ante situaciones puntuales.

Entonces tiro de la cuerda tejida con tanto cariño durante los 28 meses en los que estuvimos juntas. La mantengo cerca de mí, para no perderla aunque sea imposible, dejo que me enrede cual serpiente, sin devorarme ni asfixiarme jamás. Confío en ella porque confío en la base que representa, porque encuentro a mi hija feliz y a gusto en los cambios, porque sustancialmente, al menos de momento, nada parece desestabilizarse.

Pero no todo depende de nosotras y por momentos siento como si mirara hacia otro lado… aunque no sea así. Debo asumir que hay cosas que continúan escapando a mi control y ahora debo sumarle la distancia física, la falta de mis ojos y manos y, ante todo, comprender que la guía y el sostén recaen también en otras figuras. Y no todas las situaciones son fáciles ni mucho menos se ajustan a la infancia.

Se tiende a asimilar y formalizar que muchas de estas situaciones, por comunes, son normales. Tal deberíamos revisar los patrones que manejamos como referencia en tantos aspectos… No encuentro normal que los niños deban ir de aquí para allá haciendo peripecias entre familiares, cuando los haya y se presten a ello, o bien pasen de centro de centro según la estación. Pero no hablo sólo del aspecto práctico y físico, sino de lo que emocionalmente esta serie de trastornos en las rutinas provoca en padres e hijos.

No me pesa trabajar, no. Y agradezco la ayuda de corazón, puesto que alcanzaríamos el caos absoluto de no poder contar con ella. Lo que me pesa es no poder dotar a mi hija del espacio o ambiente deseado durante mi ausencia. “Hay que amoldarse, así son las cosas”, lo sé. Pero esto no justifica que la base sea un auténtico desastre y que no se contemplen multitud de aspectos que podrían reforzar las relaciones familiares y, por ende, las personales.

Hay días en los que me alcanza la noche cubierta de paños fríos que yo misma voy aplicándome. Hay momentos en los que me siento pequeña ante la incomprensión. Sé que estoy agotada física y emocionalmente por mis propias vivencias personales, al margen de la conciliación y que esto me hace reforzar una coraza que tarde o temprano comenzará a agrietarse.

Antes, hace unos años, cuando esta sensación se empeñaba en acompañarme gran parte del camino, recuerdo que me abrigaba en un pecho querido y dejaba que se fuera alejando, al son de otra respiración y al resguardo de otras manos…

Ahora me doy cuenta de que me cuesta encontrar ese pecho y de que me falta tiempo para ello. Habrá que seguir reforzando, porque no pienso mirar hacia otro lado.




viernes, 22 de junio de 2012

Una despedida, una bienvenida


Los detalles me asaltaban, no llegaron a convertirse en señales, pero sí brillaron con intensidad y ahora puedo comprenderlos en todo su esplendor. No trataban de anunciarme nada, pero me hicieron tomar conciencia de los momentos tan especiales que vivía, permitiéndome sentir esos instantes con total plenitud. Porque sin saberlo, fueron los últimos.

Tal vez si no hubiera estado atenta a ellos ahora la realidad escocería un poco más. Tal vez ahora resultase más difícil asimilar que aunque se persigan cosas, puede que te alcancen sin previsión. Porque una entiende de necesidades pero ignora el peso real de las carencias hasta que no se experimentan.
En pleno revuelo de cambios nos alcanzó la oportunidad y, en cuestión de segundos, dejé de flotar entre sueños, proyectos, mimos y juegos para hablar de horarios, condiciones y conciliación, sabiendo que en la fina brecha que casi nadie menciona en estos casos, se iba escurriendo mi alma maternal ante la inminente separación.

Y me faltan segundos para despedirme de sus manos diminutas, de sus palabras ligeras, su presencia constante y esa risa que sazona con brillo cada instante. Cierro los ojos y me mezo en los despertares, desde los primeros a estos últimos, el placer de su cuerpo junto al mío, sobre el mío o a dos palmos unidas por un leve contacto de pies o manos, aguardando a abrir los ojos para fundirnos en brazos y leche un rato más. Me duele abandonar ese espacio caliente que entre las dos vamos mimando, para vestirme de extraña y partir, dejando mi hueco en las sábanas.

Sé que lo lleva mejor que yo, que es maestra hasta en esto, y que pronto entraremos en una nueva rutina en la que continuaremos coloreando cada minuto juntas. Han pasado sólo unos días y ya soy consciente de cómo varían las prioridades con los hijos, de cómo una enfoca y asume las circunstancias con cierta perspectiva… tal vez aún me encuentro presa del vaivén de nuestra danza y todo parece fluir sin necesidad de transcender más allá, todo viene y se va, mientras regreso a sentarme con ella.

Debo decir adiós a esta etapa, debo dejarla marchar en libertad, sin ataduras, sin lamentaciones, sin pesar… porque sé que ha sido una bendición, una elección dorada que nos ha colmado de belleza a los tres. Me siento orgullosa de haberlo hecho de este modo, de haber vivido estos 28 meses intensos a su lado. Afortunada porque este cambio finalmente no nos alcanzara hace unos meses en aquel intento de separación al que no resistimos ninguna de las dos y abandonamos, a pesar de todo. Ahora es diferente, nos sentimos diferentes, la ocasión también lo es.

Siento que salgo danzando de puntillas de un lugar feliz y amado, dejándolo todo en orden, y es una sensación liberadora, nostálgica y desconocida. Se abren las puertas que ya vislumbraba, para que la mujer-madre se adentre en un nuevo sendero por recorrer.

Gracias siempre por tu amor, por tu luz y por hacerme fácil la despedida. Demos juntas la bienvenida al nuevo sol.




sábado, 14 de abril de 2012

¿Merecen tus decisiones soportar ciertos juicios?

A raíz de unos comentarios acerca de las madres que optamos por criar a nuestros hijos en casa el máximo tiempo posible, según las circunstancias y decisiones de cada cual, deseo expresar abiertamente mi parecer, con cierta tristeza.

No me afecta ya que exista una corriente de opinión, bastante generalizada por cierto, que piense que las mujeres que optamos por no incorporarnos a nuestro puesto de trabajo, tras finalizar el permiso de maternidad, suponemos un paso atrás en todo lo que se ha logrado en igualdad de género e, incluso, que empleamos el cuidado de nuestros hijos/as como una excusa para justificar nuestra falta de compromiso social y laboral. Y no me afecta por los siguientes motivos.

Porque entiendo que no estoy tirando por tierra los esfuerzos logrados por otras compañeras que abogan por unas condiciones más igualitarias tanto en el entorno laboral como en cualquier otro, incluso en el familiar. Defiendo la validez de la mujer para desempeñar las mismas tareas que un hombre y comulgo con las ideas que apuntan a un reconocimiento de igual a igual en muchas áreas. Pero no por ello debo renunciar a una parte de mi naturaleza, tan primaria y visceral, que me sorprende que quede silenciada de tal modo en el siglo XXI, llegando incluso a convertirse en motivo de mofa e inadaptación. Una mujer que decide libremente, por convicción propia y sin un ápice de sumisión ni siquiera de insinuación por parte de nadie, quedarse al cuidado de sus hijos por el corto espacio de tiempo en que considera que ellos precisan de su atención y contacto, me sorprende que pueda ser una amenaza para la estabilidad social o suponer un mal ejemplo de ningún tipo. Estamos hablando de decisiones tomadas libremente, en las que no existe coacción y en las que sólo el núcleo familiar, conociendo sus circunstancias y necesidades, puede saber qué es lo que desea y cómo llevarlo a cabo según los recursos a su alcance. Creo que la clave está en la libertad, en entender este concepto como tal y no continuar insinuando que de llegar a existir esta opción alguien va a poder colocarnos entre la espada y la pared para decidir algo en contra de nuestra voluntad. Esto sí me parece realmente una falta de confianza ante la igualdad y no el hecho de plantear esta opción libre.

En cuanto al segundo aspecto, a la sensación de que las madres que aplazamos o renunciamos a nuestra incorporación laboral debemos arremeter contra el sistema, o las opciones extendidas, para justificar nuestra decisión o la supuesta falta de compromiso. Mi respuesta es que en cierto modo es así. Nos sentimos empujadas a justificar acciones que, en realidad, hablan por sí mismas, sin necesidad de enredarnos en explicaciones que pueden acabar conduciendo a desacreditaciones por parte de quién opta por las medidas contrarias, iniciando así una especie de guerra de bandos en la que se lanzan o atribuyen calificativos con connotaciones dudosas.

Esta es mi verdad, lo hice porque separarme de mi hija con tan sólo 16 semanas de vida y manteniendo una lactancia a demanda, para cumplir en un puesto de trabajo en el que ni siquiera cobraba mi salario acogiendo a la ya conocida crisis y suponiéndome delegar la atención de mi hija a terceras personas, fuera del núcleo familiar, por un precio que no nos podíamos permitir dadas las circunstancias, me parece de locos. No dudé en mi decisión y no me arrepiento de ello ni un solo instante. Ahora sé que aún habiendo escondido mi instinto bajo alguna alfombra o tupido velo, no hubiera servido más que para agravar nuestra ansiedad, la de los tres, incluido mi marido, porque somos una familia y nos afecta a todos. Nos hubiera hundido aún más económicamente, engrosando una deuda no sólo económica sino a mi entender moral, puesto que ni siquiera ahora, dos años después, mi antigua empresa ha cumplido con su parte. Sin olvidar que nos hubiera desestabilizado a nivel emocional puesto que sentiríamos estar actuando en contra de aquello en lo que creemos.

Aún así, la realidad es que, en ocasiones, me siento empujada, no sé porqué tipo de presión que he asumido, a justificar mi decisión y esto es lo que realmente me apena. La presión silenciosa del que no te dice claramente que te has equivocado o que estás echando a perder tu vida profesional y el bienestar de tu hija, o en el peor de los casos, que te tachen de parásito social, simplemente porque has dicho aquí paro la rueda por un tiempo. Aquí me planto. Aunque no me quede otra que tratar de reincorporarme ahora, transcurrido un tiempo bastante más razonable, agachar la cabeza y continuar produciendo. Pero ésta fue nuestra elección, meditada, sentida, libre y acertada bajo mi punto de vista. Porque creo en el apego, creo en la necesidad de estar cerca de los hijos en sus primeros años, lo creo y lo siento, y lamento de corazón que no tengan cabida otro tipo de opciones que nos permitan coexistir sin etiquetas, sin valoraciones que dejen espacio a los prejuicios y malos pensamientos, simplemente por pensar y actuar de manera diferente. 

No juzgo a la mujer, ni al hombre, que los hay y mantienen su lucha aún más en silencio mientras rompen esa imagen extendida y aceptada del hombre alejado del rol de crianza en primera persona, que opta por reincorporarse de inmediato, ni a quién cría de otro modo, ni a a quién emplea otros medios, porque, como expresaba hace unos meses, creo que sólo la aceptación de nuestras diferencias nos puede hacer crecer como sociedad, revitalizarnos y comenzar a despojarnos de esta tendencia a la competitividad y confrontación que llevamos incluso al terreno más personal de todos, cuestionándonos como seres humanos, hombres y mujeres iguales y diferentes por naturaleza. 

Ésta es mi tristeza y lo que verdaderamente sí me afecta, comprobar que hay tantos moldes por romper y tanta conciencia por crear en ambos sentidos, que hasta que no recuperemos la confianza en el trabajo conjunto, sin trabas innecesarias, apoyándonos unos en otros, no podremos mirarnos a los ojos sin sentirnos cuestionados en nuestras decisiones.

O somos todos uno, facilitándonos la convivencia, aceptándonos y velando porque las futuras generaciones gocen de un mundo mejor, sea cual sea la decisión familiar. O seguimos abriendo la brecha y atacándonos sin sentido mientras la vida pasa.



viernes, 23 de diciembre de 2011

Querido #PapaConcilia

Aunque pueda parecer que esta carta llega en el último momento, en realidad llega en el momento oportuno porque lo hace en el día especial para los PapásConcilia o NoConcilia de carne y hueso. Hombres que también pelean desde el corazón por estar más visibles, por tener siquiera la oportunidad de decidir si prolongar esos 15 días en familia que se esfuman cuando el vínculo está consolidándose, cuando su presencia y soporte es fundamental para todos. Hombres que se enfrentan a sus propias barreras sociales, esas que señalan que criar es cosa de mujeres, deseando romperlas o saltarlas.

Durante este viaje he hablado muchas veces de conciliación, a veces abiertamente y otras muchas transmitiendo emociones y vivencias, reflejando la tesitura en la que nos encontramos muchas mujeres al recibir la maternidad.  No me pesa decir que llegado el momento decidí renunciar a mi puesto de trabajo para dedicarme a la crianza de mi hija, para dedicarnos ese tiempo una a la otra, porque yo sigo creciendo también gracias a ella. A pesar de todo lo que esto conlleva, que es duro a nivel laboral, no voy a ser yo quién escriba a Papá Concilia, tan sólo me voy a permitir un deseo, uno sólo pero muy grande: que se viva ese cambio de consciencia que permita aceptar la (p)maternidad y la crianza con la importancia y transcendencia que en realidad tienen.

No pido más porque para esta carta mágica quise invitar a mi amor, compañero, marido y padre de la Cereza, a escribirla. Carta que él me entrega y con su permiso comparto. Unas líneas que me emocionan cada vez que las leo, creo que no podría ser de otro modo. Como no sé si visita a menudo este pequeño rinconcito donde buceo voy a aprovechar esta entrada, un poco a lo pirata, para agradecerle ese amor incondicional que siempre me ha demostrado y que me acepte como soy, sin reservas. Qué bonito todo lo que hacemos juntos! Gracias ♥




Querido Papá Concilia:

Te escribo rápidamente esta carta para pedirte algo que no tengo, es algo que no se puede tocar, ni ver, algo que no pesa, pero que me pesa, sobre todo desde que La Pequeña Maravilla llegó a nuestra casa.

Y te escribo veloz porque lo que me falta es precisamente Tiempo. Tiempo para vivir y dejar de sobrevivir. Tiempo para disfrutar la experiencia de ser papá y no perderme más pequeñas sonrisas. No quiero que las obligaciones me sepulten, que me anulen para lo que de verdad me importa. 

Quiero que mi princesita pueda contar conmigo, estar ahí y que ella lo sienta. No quiero tener que mirar el reloj todo el tiempo que estoy con ella porque ella no entiende de horas ni de relojes. Ella solo sabe de cosquillas y besos, de hacerle de caballito y ver cuentos juntos.

Desde aquí quiero lanzar un grito al vacío con la esperanza de que, a lo mejor entre todos, algún día el eco nos sitúe en el camino hacia la  conciliación entre familia y trabajo y coloque a los más pequeños en el centro de todo, lo más importante.

Por eso Santa Concilia te pido unos horarios de trabajo sensatos, que las ayudas sean destinadas principalmente para los papás que desean quedarse a cuidar a sus hijos en lugar de subvencionar para que los cuiden otros, unificar días de vacaciones entre trabajo y colegio. Te pido, querido Santa, que autoridades y empresas coordinen medidas que ayuden a nuestros hijos a disfrutar de su derecho a ser acompañados por los que más los quieren.

Feliz Navidad y Feliz Santa Concilia!! 

······················

Y ahora que estamos toda la familia reunida aquí no hay mejor momento para desearos
 ¡¡FELIZ NAVIDAD!!



jueves, 24 de noviembre de 2011

Re - Conciliar - Me

Cuando hablamos de conciliar es difícil que no afloren sentimientos viscerales, es uno de esos puntos en que los padres nos damos de bruces con una realidad que no acabamos de aceptar pero que, nos guste o no, nos pertenece.

Estos últimos meses vivo sumergida en un universo de conciliación y a medida que sigo avanzando, me doy cuenta de lo profundo, extenso y abismal que es este océano y de la gran diversidad de especies que lo habitan, a veces en equilibrio, a veces voraces. Me ocurre lo que suele ocurrir cuando una se adentra en algún tema, que cuánto más sé, más consciente soy de lo mucho que desconozco, de lo mucho que se me escapa, de que mi situación personal y la de muchos afines es, tan sólo, una ínfima celda del gran panal.

Poco a poco, esta realidad de ser un gran conjunto dispar se va asentando en mi mente y en mi corazón. Porque al estar relacionado con la propia apreciación de la maternidad, de la crianza y de mis deseos por un cambio de mentalidad colectiva, acaba por resentirlo y duele. Hago mis esfuerzos diarios por romper barreras, por respetar y aceptar a aquellos que no opinan como yo, que no crían como yo, que no viven igual este mundo de sutilezas, conexión e intercambio que me hace sentir que mi hija tiene exactamente el mismo derecho a elegir que cualquiera, aunque no sepa alzar la voz y explicarlo al resto del mundo. Siento que me lo hace saber y la escucho.

Y así, pasito a pasito, he asumido que la palabra Conciliar es muy grande y que hacen falta muchas manos para sostenerla. Ahora que me siento más capaz de buscar mi hueco, mi color, dentro de esta gran masa, cabría preguntarme: ¿Qué persigo al hablar de conciliación?

Persigo, ante todo, tener opciones, que existan y sean reales, que se permita que cada familia pueda adaptar su vida, su crianza y su filosofía con cierta flexibilidad. Que no se dé por sentado lo que necesita todo el mundo, que se abran orejas a aceptar cambios, a dejar que recaiga la responsabilidad de elegir en cada cual. Que se recapaciten las decisiones ajenas antes de emitir juicios, que no se ataque al diferente simplemente por serlo, que no se caiga en tópicos, que nada es tan malo ni tan bueno y todo puede tener cabida si nos hace sentirnos más vivos, más en consonancia, más en comunidad, más libres.

Que, sin entrar en líneas de crianza, no perdamos de vista que unos padres con libertad para elegir difícilmente optarán por medidas que perjudiquen a sus hijos. Que esta mirada de empatía reflejará a unos niños mejor atendidos, más escuchados, más sanos, más humanos. Niños que el día de mañana serán quienes cohesionen las celdas de este gran panal en el que ahora nosotros vagamos. Por eso es importante despertar la conciencia social y expresarnos, tratar de mirar no sólo por nosotros, sino por el de al lado y el de más allá, a quién no conocemos o con quién no acabamos de congeniar. Porque sólo la unión, el respeto, aceptar la diversidad y convivir en equilibrio, hará que no se nos escape la miel de este preciado panal que es la vida en sociedad, permitiéndonos crecer hacia fuera y hacia dentro.


¡Anímate a conocer CRYA!

viernes, 4 de noviembre de 2011

Presentación de CRYA

Deseo hacer un hueco aquí también a un proyecto en elque tod@s podemos participar y en elque nos encontramos diariamente un gran número de personas, trabajando codo con codo, salvando las distancias, conociendo familias y vivencias personales, compartiendo situaciones, escuchando, desmarañando ideas y acercando posturas para empujarnos a proponer un mundo, a nuestros ojos, más justo y racional.

Hace poco más de un mes plasmaba mis primeras impresiones y deseos acerca de Conciliación Real Ya  (aquí) y, ahora, es un movimiento que está cobrando cada vez más fuerza, debe ser porque se alimenta de la ilusión y eso siempre hace que las cosas tomen un color especial. Cada mañana me levanto entusiasmada por lo que se va logrando y me acuesto soñando, aún despierta, que es posible que estemos cada vez más cerca de lograr el cambio de mentalidad deseado. Sólo con esto,  podría darme por satisfecha. Por su parte, la experiencia en sí me está ayudando a recuperar la confianza en el trabajo en equipo,e n los valores humanos. Doy las gracias por ello.

Os invito a conocerlo, cada cual a su medida, podéis encontrarnos en la web, en el blog oficial, en Facebook y en Twitter.

Con la siguiente carta de presentación general, quería acercaros la iniciativa por si alguien está interesado en aportar su punto de vista, su energía o, simplemente, mantenerse informado.

Gracias por escucharme!



"Conciliación Real Ya se inició a raíz de la preocupación que una madre plasmó en su blog por no poder compaginar adecuadamente su vida laboral con la personal y familiar, sobre todo con su faceta de madre.

A partir de aquí surgió un movimiento casi espontáneo que reunió a tantas otras familias que sentían lo mismo que esa madre bloggera, ese mismo "nudo en el estómago".

Así, hace poco más de un mes, nacía en las principales redes sociales un proyecto para trabajar propuestas concretas relacionadas con la conciliación laboral y familiar, Conciliación Real Ya.

Esta plataforma reunió en menos de dos semanas a más de 800 seguidores en facebook y a más de 500 en twitter. Viendo que es necesario un lugar virtual de encuentro común, el trabajo que se ha realizado hasta el momento y el que queda por hacer, que aún es mucho, se va a ir recogiendo en una página web propia, www.conciliacionrealya.org y en su blog, donde pronto tendrá lugar una gran labor para poner en común diversas propuestas.

Este espacio virtual nace para recopilar y ordenar las ideas, peticiones, información y documentación necesarias para materializar una propuesta realista que permita conseguir en nuestro país una conciliación beneficiosa no sólo para las familias, sino también para las empresas y para toda la sociedad.

Seguimos en facebook y en twitter, pero ahora se abre una nueva ventana al mundo, para que cada vez seamos más los que peleamos por la verdadera conciliación, por una Conciliación Real Ya. Si quieres, puedes ayudarnos, ¡te esperamos! "

martes, 27 de septiembre de 2011

Conciliación Real Ya

Esta es una carta escrita desde la necesidad, la frustración y el impulso de reacción. Es una carta que brota desde lo más profundo de mis sentimientos como madre y persona y desde todos los rincones de mi sentido común, que ya no se siente capaz de seguir asimilando tantas locuras.

Hablo de la conciliación laboral y familiar. De lo que esto supone en la realidad, más allá del papel y de las leyes que, más o menos, todos conocemos. Porque lo que nos encontramos aquí, en nuestro día a día, suelen ser situaciones que escapan a toda lógica y aún gracias por lo que tenemos. En la realidad, cualquier familia puede afirmar que las bajas de maternidad (y no hablemos de las de paternidad que son simbólicas) son insuficientes, que ni el bebé ni la mamá están preparados para iniciar una separación y que las necesidades reales de ambos, necesidades animales ligadas a nuestra condición humana, se ven violadas y se tratan de suplir o enmascarar bajo argumentos que se acaban creyendo por paliar el dolor que esto supone, Es antinatural. No hay que olvidar que el bebé humano tras el nacimiento no ha madurado lo suficiente y continúa su desarrollo extrauterino. Sólo partiendo de la base de que toda cría humana precisa del contacto de su madre para nutrirse y alimentarse de su cuerpo, a demanda, hasta cumplir los 6 meses de edad, ya nos damos de bruces con un sistema que mira hacia otro lado.

Me entristece que nuestra inteligencia y capacidad nos haya llevado a acallar nuestra naturaleza mamífera, de protección de la especie, de proteger a las crías y a sus madres hasta que pueden desenvolverse, a olvidar que nuestros pequeños son el futuro. Nos hemos adentrado en la era del consumismo voraz, donde producir y ser válido son las principales premisas y optamos por inventar artilugios y crear alternativas que suplan la labor de una madre antes que permitir que madres, padres e hijos, cumplamos nuestra labor como eslabón de vida que somos.

No deseamos dejar de formar parte del conjunto social, al contrario, queremos nuestro hueco. A pesar de que se nos tache de alternativos u otros calificativos, casi siempre con matices despectivos, con los que cargamos desde el momento en que decidimos cuestionar esos argumentos que invitan a una conformidad pasmosa. Lo que deseamos es que se dé cabida y se respeten esas necesidades, que se renueven las medidas para lograr una conciliación laboral y familiar de calidad, una conciliación acorde, sobre todo, con las necesidades de los bebés.

Esta conciliación debe entenderse como lo que es, mucho más que tiempo, muchísimo más. De poco nos sirve que la mayoría de las propuestas se concentren en la duración de las bajas por (p)maternidad si después nos encontramos frente a unas condiciones empresariales hostiles. Las medidas actuales se acaban traduciendo en acuerdos entre padres y empresarios en los que, generalmente, sale perdiendo el trabajador. Cuando no nos vemos mermados de antemano, bajo amenazas de no poder siquiera agarrarse a los pocos derechos reconocidos que nos amparan. Sí, yo también lo viví, aunque tuve claro que no iba a incorporarme en esas condiciones, también escuché que la reducción de jornada no era posible y la excedencia en mi caso no nos hubiera permitido vivir... Al final, como siempre, somos los más desfavorecidos los que tenemos que dar el brazo a torcer, admitiendo que viviremos un periodo difícil a nivel económico y que este parón nos supondrá una dura traba para reanudar nuestra vida laboral, ya no digo carrera profesional, el día de mañana. Me parece indignante que una mujer se vea empujada a renunciar a esta faceta de su vida por el corto espacio de tiempo que su hij@ la precisa completamente presente.

Por eso alzo mi voz hoy, herida de este modo, por mí y por tantas otras familias que nos vamos resignando y tratando de sacar la cabeza a flote. Hoy me siento valiente, arropada por otras manos como las mías, gente que como yo, ha decidido comenzar a decir NO, hemos decidido pronunciarnos para comunicar a este mundo que el camino tomado no nos beneficia, que nos quedamos en el arcén para, por el momento, tratar de buscar entre todos nuevos atajos más afables, más justos y más comunitarios.

Si sientes ese empuje dentro de ti, por pequeño que sea, te animo a que opines con nosotros, a que te ilusiones con que algo puede cambiar, con que tienes voz y tu opinión es tan válida como aquellas otras que te rodean. Te animo a colaborar, para ello estamos creando diversas plataformas desde las redes sociales y así ir estrechando lazos que permitan forjar ese cambio, para darle la forma que entre todos creamos conveniente, para escucharnos unos a otros y, finalmente, darle alas. No entiendo mucho de política, lo reconozco, pero me gusta pensar que los políticos, aunque nos puedan parecer de otro planeta, se hacen cargo de que son la voz del pueblo y que todos nosotros, el pueblo, somos capaces de opinar.

Las puertas y las ventanas están abiertas, bienvenid@s!!



Gracias Sarai!

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Gracias Ira por contagiarnos!





lunes, 19 de septiembre de 2011

Nuevos caminos

Hoy me siento triste, como si me hubieran arrebatado un trocito de esencia, siento que yo lo he entregado para que otros lo devoren. Siento el alma débil. Siento el peso del que toma la responsabilidad y debe ser consecuente. Hoy, hemos comenzado la adaptación. Sé que para muchos otros padres no es un momento tan dramático pero para mí ha resultado violento, a pesar de que ha sido sólo un ratito y que la hermosa Cereza no ha estado especialmente mal. Según corrían los minutos me impregnaba de unos matices de los que no puedo desprenderme por mucho que lave mis manos, creo que en algún momento podré canalizarlo y darle salida, además de con estas palabras, con mis lágrimas. Liberar.

Este paso supone mudar de ciclo, de ritmo, de manera de sentir pero no de amar... Saco valor y determinación. Comprendo que esta etapa, es una etapa de transición, una etapa que va a suponer grandes cambios en la familia, el primer cambio realmente grande desde que la Cereza llegó a nuestras vidas para colocar cada cosa en su sitio. Me siento confusa, creo que necesito mantener un punto de guía para no perder el norte y errar.

Debo buscar empleo activamente y esto supone separarme de ella, separarnos ambas, la una de la otra. O lo que es lo mismo, romper este vínculo que mimamos desde hace algo más de 18 meses. Son muchas las dudas que me asaltan al respecto, las miles de vueltas que le hemos dado, la cantidad de posibilidades barajadas... ¿Cómo hacerlo todo más fácil? ¿Cómo hacerlo menos doloroso? ¿Cómo discernir lo que es necesario de lo que se puede dejar correr un poco más?

Cuando me atrapan estas dudas, cuando siento que me agarro a lo inasible y me corroe el deseo de tirarlo todo por la borda para continuar como hasta ahora, luchando por arañar más tiempo para permanecerlo unidas, entonces, cualquier opción que trate de tejer desemboca en un imposible y toco el suelo. Porque no podemos permitir que la situación llegue a ser insostenible, porque no es factible, hoy en día, ibuscar empleo con una niña de la mano o en brazos, porque no tenemos ninguna otra opción válida para el cuidado de la linda Cereza que se prolongue en el tiempo, porque no nos mantienen la plaza, porque cualquier parche la desestabilizaría continuamente y porque no deseo verme en un futuro teniendo que dejarla en cualquier lugar o ni siquiera encontrar dónde...

De este modo podemos prolongar la adaptación tanto cómo sea necesario, en principio sólo un ratito y alargando un par horas según veamos, sin presiones. Haciéndolo todo más suave para ambas. Mi cabeza lo comprende pero si miro en mi corazón, mi corazón no está preparado para esto y dudo mucho que el suyo lo esté.

En cuanto a mí, deseo afrontar esta etapa con ánimo y optimismo. Mi puesto de trabajo anterior era interesante porque me permitía estar en contacto con la creación y la expresión, campos que me fascinan, pero como trabajo (relación esfuerzo-recompensa) dejaba tanto que desear que puedo considerar un regalo de la vida encontrarme en ese punto al llegar mi hija, puesto que no supuso ningún conflicto personal ni familiar renunciar a él para dedicarme a lo verdaderamente importante para mí entonces. Ahora sé que hice bien porque era un barco que no hubiese llegado a buen puerto.

Me decido a mirar las cosas de frente para afrontar con energía la salida al mundo social, al mercado laboral y al panorama que nos espera más allá de la madriguera de amor en la permanecemos sumergidas y entregadas en cuerpo y alma. Afronto esta etapa como una oportunidad. Oportunidad para conocer gente y cosas nuevas, para aprender, para mejorar y para tratar de conciliar lo mejor que pueda. Pero, sobre todo, oportunidad para aprender de mí y de ella, para adaptarme y seguir presente, intuir nuevas carencias, suplir con amor y canalizar mis emociones para no desbordarla, para que no deje de sentirse respetada, amada y protegida.

Una oportunidad para seguir creciendo juntas.



Cuando comenzaba a definirse esto escribí esta otra entrada

miércoles, 6 de julio de 2011

Impresiones de guardería

Desde que nació la Cereza estamos juntas, día y noche. Al finalizar las escasas semanas de baja me sentí incapaz de reincorporarme. Tras 16 meses, continúo estirando al máximo la situación, pasa el tiempo y la sigo viendo demasiado pequeña aún. Cierto que se está convirtiendo en una niña poco a poco y, al ir ganando algo de autonomía, puede hacer pensar que la cosa no es para tanto. Para mí es un mundo.

En breve tendré que concentrarme seriamente en la búsqueda de empleo y será cuestión de tiempo que nos cambie el ritmo. De modo que estamos comenzando a barajar posibilidades de cara al momento. Hemos visitado varios sitios, algunos muy diferentes y creo que necesito comentar la impresión general. No me gustaría que se malinterpretaran mis palabras y deseo expresar, desde ya, que no tengo nada en contra de las guarderías, son una opción válida y respetable sea cual sea el motivo y entiendo que, en muchos casos, la única.

Tomando de referencia la última visita, diré que el lugar y las instalaciones estaban bien, pero la sensación que me ha quedado tras la conversación con la cuidadora y propietaria del centro me tiene reflexionando desde entonces. En todo momento quiso destacar que el principal objetivo era desarrollar la autonomía en los niños, hasta ahí bien y según los métodos claro. Sin embargo, lo más importante a sus ojos y absolutamente necesario, es que exista esa separación entre el niño y la madre antes de ir al colegio, para que así, el niño entienda que es uno más y no el centro del mundo y se eviten serios problemas que podrían dejar secuelas en un futuro.

Francamente, aunque comprendo y respeto que algunas mujeres lo vivan así,  yo no siento, en absoluto, la necesidad de romper el vínculo aún y no encuentro otro motivo que el tener que seguir este ritmo de vida loco que no respeta ni los ciclos vitales. Aún no estoy preparada para estar lejos de ella ni siquiera media jornada y estoy convencida que si le preguntasen a ella, tampoco accedería. Por otro lado, no alcanzo a comprender qué tipo de normas son tan importantes para una niña a esta edad, ni tan siquiera un poco más adelante, salvo que atenten a su seguridad, a la de los demás o al bienestar general. No veo el sentido de enseñar a obedecer porque sí. Probablemente esté algo asilvestrada, como suelen decirme, pero no acabo de verle la urgencia y, si me apuras, ni siquiera una utilidad realmente sana.

Este momento, que hasta ahora era impensable, se va definiendo cada vez más, sin remedio (salvo que toque la Primi) y comienzo a sentirme como si la fuese a traicionar, como si le estuviese atando con suaves lazos sus alitas preciosas y delicadas. No me convencen esos argumentos a precio de oro y aunque sé que también aportará cosas positivas, no soy capaz de desprenderme de esta sensación de ir contra natura que sólo me pide aferrarme a ella hasta que estemos preparadas.

Creo que en estos momentos agradecería un poco más de empatía, algunas palabras realmente honestas. Captar, siquiera un poco, que entienden que esto es duro para nosotros, que entienden este dolor tan visceral y mis preocupaciones, que su objetivo es hacerla sentir bien y que se sienta querida y respetada formando parte de un grupo.

Definitivamente creo que, de momento, no estoy preparada para lidiar con el nuevo horizonte que se nos abre.

lunes, 13 de junio de 2011

Lunes, martes, miércoles...

Cuando una rompe con su ritmo de vida para dedicarse a su hija llega un momento en que no sabes en que día vives ni a penas las horas. Aunque trato de no perder de vista ciertas referencias, la verdad es que acabo haciendo y deshaciendo en una rutina flotante y bastante flexible, todo sea dicho.

Pasé por varias etapas hasta llegar a este punto, porque en los primeros meses, directamente, no hay tiempo real. Viví sumergida en el limbo en el que entré al dar a luz y en el que ella marcaba el compás. Me rendí a su son encantada, aunque eso sí, aprendí a darme duchas express y a alimentarme con ella al pecho. Día a día muestros ritmos se asemejan pero no acabo de desprenderme de esta sensación de pasar el tiempo sin tiempo.

Llegado el momento, mi situación no era la más favorable y no dudé un solo instante. Al decidir aparcar mi vida laboral una temporada, no sabía que ese mundo andaba rodeado de tantos satélites. Porque al dejar de trabajar, una también deja de lado una identidad y eso supone muchos cambios... y muchas explicaciones. La vida social se resiente hasta quedar fuera de órbita, porque al hecho de tener un bebé hay que sumarle el salirte de la rueda (un poco más)... Trato de no juzgar a nadie por la opción elegida. Entiendo que es otra de las decisiones personales que conlleva la crianza y que, además, no siempre es una decisión totalmente libre puesto que muchas veces nuestras circunstancias pesan más que nuestros deseos. Por eso me deja pasmada la libertad que se toman muchos para opinar abiertamente sobre el tema, a veces incluso sin dirigirse directamente a mí, como si el pasar tantas horas con mi hija me estuviese nublando la capacidad para comprender el idioma. Sin embargo, disfruto compartiendo experiencias y puntos de vista desde el respeto, suele resultar enriquecedor para todos.

Por mi parte, estoy inmersa en un universo de caricias, canciones, besitos tiernos, risitas y algún que otro arrebato. Día y noche. Descubriendo habilidades y aprendiendo de la experiencia. Seleccionando y absorbiendo la información que cae en mis manos y tratando de ser consecuente. Además de desarrollar una super antena para la atención que acaba retorcida muchos días de tanto dar de sí. Es precioso y muy gratificante, pero no fácil.

Mientras tanto, en casa aprendemos a vivir con menos, a valorar lo que realmente necesitamos o nos complace, a no hacer grandes planes de futuro, a darnos tiempo para que, al menos, crezca un poco más pegadita a mí. Cada día trato de visualizar que algo se cruza en nuestras vidas y permite poder prolongar esta situación por más tiempo, que cualquier día de estos me ilumino y se me ocurre una opción viable para no tener que romper drásticamente lo que estamos construyendo y tener que volver a saber sin falta en qué día y minuto vivo.