lunes, 29 de agosto de 2016

Avión de papel


Ahora que encuentro el instante. 
Ahora que me sale la voz. 
Ahora que el silencio me envuelve. 

Ahora.

Te cuento que sé de soledades, que no me acostumbro a la complejidad del ser humano, que confío y no confío en nadie. En alguien. Quién sabe, ¡ni siquiera soy capaz de expresarlo correctamente!

Te cuento que a veces, en pleno torbellino, sueño con encontrarme a un viejo amigo y poder conversar en un banco, en un parque. "¿Qué tal estás? ¡Qué pequeño se ha hecho tanto tiempo! No sé si ahora deseo preguntar... mejor nos tomarnos de la mano y ya".

Te cuento que a veces, en plena calma, extraño la agitación de las masas. Bailar desincronizados o el cotidiano ajetreo de dos voces diminutas clamando mi nombre.

Ahora, que podría pintar este instante y dejarlo a nuestro gusto. Te cuento que apenas te conozco. Que a menudo este espejismo de pantallas me devuelve mi reflejo y que me gusta cada vez menos. Que hace tiempo que me siento, cada tanto, un pasito más lejos de aquello en lo que creí y me nutrió. Aquello que alimenté con firmeza y mimo. Siguen creciendo otros campos, y es hermoso, pero yo debo segar el mío. Antes de que la cosecha se eche a perder o me muerda la pereza y abandone por desidia.

Demasiados consejos. Qué maternidad más instruida acabamos construyendo... ¡una cría humana sólo precisa contacto, sustento y la mirada envolvente de su madre! Con esto resumo lo que vengo adornando desde hace ya seis años. Todo lo demás está en cada una, en cada uno, en cada ser. La pertenencia a un grupo, a una tribu, a una tendencia, puede ser algo transitorio, crearte una identidad, reafirmarnos. Al final, sólo estás tú. En el hogar que tú crees. Tú, tus brazos y tu sentir. Y eso es lo más valioso, lo único en realidad.

Sé que hay mucho más, que he tejido lazos para siempre, que se han llevado a cabo acciones significativas. Lo agradezco. Lo que ha crecido en mí, lo llevo conmigo. Deseo viajar ligera de equipaje. Cada cual conoce sus deseos, sus pretensiones, sus objetivos. Y el mío siempre ha sido sentir.

No seré infiel a mi esencia. Y alguna vez lo fui. Creo que conozco parte del terreno y no pienso tropezar ni dejar que me empujen disimuladamente. En muchos aspectos ha sido suficiente. Ahora, estoy tratando de evitar los titulares.

Fíjate, tan sólo necesitaba encontrar este instante para contaros porqué, en el fondo y sin excusas, me siento en la última fila desde hace tiempo. 

Recuerdo pasos resonantes de mujeres queridas, tan sólo necesitaba transitar esta etapa. Deshojar mis vivencias, desordenarme. No es un arrebato, me caminado largo tiempo en esta dirección. Os lo cuento porque ya intuyo el final de este camino y me eso me produce un cosquilleo. 

Voy a despegar, en un avión de papel. Sólo aguardo el impulso de la pasión para despedirme.


P.D. Los aviones aterrizan, aunque los de papel son más impredecibles. Podremos escribirnos una carta. Una carta real, palpable. Con su tinta y su sello. Una carta que vuele.




Colo Villén

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