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jueves, 12 de junio de 2014

Amor maternal

Se me había olvidado el contacto continuo y placentero que supone criar a tu bebé. Sostenerla día y noche, con brazos y miradas, con esos lazos invisibles y fuertes que son también las emociones.

Se me había olvidado ese olor a vida, ese cuerpo frágil y cálido, la euforia y dicha absoluta de parir a una hija, cuando todo se resume a ese primer abrazo. Cuando todo, TODO, cobró sentido mágicamente por segunda vez en mi vida.

Se me había olvidado la textura del calostro, los pechos rebosantes a merced, el golpe de leche en los primeros agarres. La boca pequeña otorgando lecciones de supervivencia, mostrándole al mundo cuán sabios somos y qué poco nos valoramos en esencia. Maravilla por Naturaleza.

Se me había olvidado el amor con el que se alimenta mediante el cuerpo. Lo gozoso que resulta descubrirte de nuevo entre instintos, dejando hacer, a su vez, a esa criatura recién nacida también. ¡Y qué gran instinto tienes, hija mía! Cuánto estoy disfrutando y aprendiendo de ti, acerca de la confianza, de lo real, de la verdad.

Se me habían olvidado las posturas imposibles del inicio. El plantarte sentada en la cama casi de cualquier manera con esa criatura entre los brazos, asida a tu pecho. Ese instante en el que debes elegir entre correr el riesgo de despertarla o sacrificar tu espalda, tu cuello o vete a saber el nombre del músculo que te grita. Cediendo al cansancio, mañana será otro día y todo está bien.

Se me había olvidado la risita de cascabeles que armoniza el hogar, abstrayéndonos de lo cotidiano, para hacernos sonreír a los tres con sólo cruzar las miradas. Recordándonos, en ese amable gesto, la nueva situación familiar. Enseñándonos a leer en su risa la alegría de estar vivos, la simplicidad de las cosas y lo afortunados que somos al tenernos. 

Se me había olvidado eso de tender el reloj al sol, cómo se difuminan las horas, cómo se desdibuja el concepto estructurado que manejamos del tiempo, cuando te encuentras sumergida en tu pequeña cría. Cuando todo se vuelve presencia, presente, y los instantes en realidad no pasan, se viven. Cuando todo se reduce a miradas, contacto, cuerpo, intercambio, entrega, sostén.

Se me había olvidado como hierven las emociones, cuán intensas se muestran, cómo se van abriendo caminos para invitarte a transitarlos. Cómo de pronto te das cuenta de que vuelves a mudar la piel y se va acumulando una pila de ropa por ventilar o desechar (sí, tal vez mejor, que quizá convenga aprovechar la  determinación con la que una sabe discernir en estos momentos) en la butaca de la memoria o el baúl de los asuntos pendientes.

Se me había olvidado el amor tan inmenso que se siente hacia tu compañero, hacia el padre de ese ser maravilloso que concebisteis. Que es una parte de él y otra tuya, y sin embargo no nos pertenece a ninguno. Ese amor, que andaba escondido en algún rinconcito cogiendo impulso para este momento y ahora se viste de un blanco brillante. Y se torna miradas. Y susurros. Y caricias. Y deseo.

Y no son olvidos descuidados, por muy olvidadiza que una pudiera ser. Es que hay cosas que están hechas para ser vividas intensamente y no para recordadas.



J. y yo 

jueves, 8 de mayo de 2014

Parir

Siento que se acerca el día, muy pronto J. y yo iniciaremos nuestro viaje, y son muchas las situaciones que cruzan atropelladamente mi cabeza, en mi incesante intento de tenerlo todo lo más atado posible, aun sabiendo que llegado el momento debo ceder el control a mi cuerpo sabio y mi instinto.

No obstante, me rebelo una y otra vez ante aquellas cosas que sé en mis manos, soy consciente de que pequeñas decisiones pueden determinar el rumbo de este viaje y desearía poder contar con el sostén y la seguridad necesaria para dejarme llevar, para entregarme al proceso intenso y mágico que en realidad supone parir. 

Cuando apenas unas semanas nos separan de los brazos, visualizo el momento y me siento mucho más cerca de desear un instante así:                

Imagen de autor/a desconocido/a
Que así:
Imagen de autor/a desconocido/a
Sé que algunas personas se escandalizan un poco cuando lo digo, ¿cómo va a ser eso posible?, como un animal, de cualquier manera, sin seguridad, sin garantías, etc… Lo sé, no es sencillo leer la verdadera diferencia entre ambas imágenes.

Para mí el parto debe ser así: animal, visceral, primitivo, sin temor a la sangre, los fluidos, a ensuciarnos, al olor. Para mí, lo ideal sería poder recoger a propia hija en mis manos, acompañándola a abandonar mi cuerpo, meciéndola en su transición, para seguidamente estrecharla en mi vientre, ya desde afuera, besarla, olerla, lamerla tal vez… y ofrecerle mi pecho todavía unidas por el cordón que sustentó su vida y aún le proporciona materia, aún latiendo, aún en mi interior. Sin prisas, reconociéndonos, acariciando sus dedos, fijando mi vista en sus pupilas increíbles, maravillándome del milagro de la vida. De nuevo sin prisas, sin pausas, sin separación, sin bullicio. Permitiendo espacio a lo que verdaderamente no puede esperar, que a juicio (nada profesional, soy simplemente una madre) es esto.

Para mí el parto debe ser asistido desde la presencia y la reserva a intervenir, otorgando así seguridad a la mujer en tránsito, que se sepa acompañada y atendida por si fuese necesario actuar y no al contrario. Respetar sus tiempos, no forzar los ritmos, la prisa debería quedarse a las puertas de cualquier hospital. Ya sé que son muchas mujeres a atender para un solo servicio, pero esta justificación no es válida para la mujer que va a parir, ella y su bebé necesitan su propio espacio, su propia línea, es su baile y, en la mayoría de los casos, nada, excepto las necesidades de los demás, justifica que se realicen prácticas protocolarias para agilizar el trabajo de parto y finalmente el expulsivo.

Para mí el parto debería estar al margen de fármacos, cualquiera que sea su origen y finalidad, a no ser que la propia mujer lo solicite así. No encuentro justificada la administración de oxitocina sintética por sistema, nada más ingresar en el hospital, acompañada de tactos frecuentes, monitorizaciones continuas y la amniorexis artificial… todo para acelerar un proceso que probablemente hubiera desembocado en una situación mucho más agradable y llevadera para la mamá y el bebé. Hablo de partos que transcurren con total normalidad, sin ningún tipo de incidencia y con seguridad absoluta para ambos, es en estos casos en los que encuentro poco prudente intervenir innecesariamente.

No es que desee parir sola, sin ningún tipo de atención ni cuidado por parte de personas con formación, lo que ocurre es que desearía depositar la suficiente confianza en dichas personas para saber que no van a adueñarse de mi cuerpo, que no van a decidir por mí, que no me va a tratar como una desvalida, que no me van a restar poder. Desearía que me informasen de los pasos que creen conveniente dar sin pasar por alto mis deseos y mucho menos mis decisiones, entre los cuales prevalece el permitir que sean mis propias hormonas las que regulen el parto y, por supuesto, que no se ejerza ningún tipo de práctica que suponga alterar mi cuerpo o el de mi hija sin previo consentimiento: episiotomía, fórceps, kiwis, maniobra de Kristeller, etc.

Desearía que se crease un vínculo de confianza e información que permita que el viaje fluya y el desenlace resulte grato para todas las personas implicadas en él. No se puede parir con miedo o aprensión, no se debería parir así, y este es un aspecto que pocas veces se contempla, puesto que tiende a relativizarse y, a menudo, somos las propias mujeres quiénes acabamos relegando nuestra responsabilidad, e importante trabajo en el proceso, al servicio de terceras personas. Sin duda, yo apostaría por trabajar la confianza de cada mujer que se enfrenta cara a cara a este aspecto de su sexualidad, con a sin miedo. Trabajar mucho más la toma de conciencia de cada madre acerca de lo que va a suceder, por qué sucede y cómo reacciona su cuerpo ante este proceso. Trabajar en que cada día más mujeres acudan empoderadas e informadas a las salas de maternidad, a los paritorios y a las consultas. Que se dé, al fin, la perfecta comunión entre una atención con formación clínica y garantías de intervención rápida y los instintos primales de cada mujer, verdadero motor del parto.

Deseo intimidad, silencio y luz tenue. No considero un espectáculo mediático lo que va a suceder, no encuentro justificada la presencia de más personas de las realmente necesarias y aún menos cuando no se encuentran completamente sumergidas en lo que está sucediendo, cómplices y partícipes de lo que supone más allá de cumplir con su trabajo y acabar la jornada. Considero que una mujer cohibida no puede entregarse a la inmensa tarea de parir a su hija con libertad y determinación, que es lo que se precisa. Difícilmente podrá concentrarse en lo que dicta su cuerpo si sus deseos son acallados, redirigidos o anulados directamente. Desde forzar la postura (generalmente litotomía), rasurados, enemas, guiar los pujos hasta recriminarla por gritar… ¿cómo se puede hacer todavía esto? Si una mujer desea gritar o le nace el grito de las entrañas, debe darle salida, es así de sencillo y natural. Pero no, parece ser que hay que guardar la compostura hasta en estos momentos, que puede molestar a… no se me ocurre a nadie más que a los presentes y, perdonadme, pero lo encuentro secundario. Habría que replantearse este hecho en muchos paritorios y que cada persona que se dedica a asistir partos se cuestione de tanto en tanto estos y otros muchos aspectos, valorando sus propias emociones y recolocando sus prioridades. No dar por sentado que las cosas son siempre de un mismo modo y todo ser humano es igual al otro. Entiendo que nos puede suceder a todos, cada una de nosotras tiene sus días en su propio trabajo también, pero siempre pienso que hay profesiones que requieren de un grado extra de empatía y humanidad, y la sanitad, en cualquiera de sus ramas, es una de ellas. La otra, la educación.

Sí, se acerca el momento, y no dejo de pensar en que ojalá no tuviera que preocuparme de estas cuestiones, simplemente dejar sentir mi cuerpo hasta el instante de partir al hospital, sin temer quién se encuentre de guardia, pudiendo entregarme sin reservas al único y sensacional momento de mostrar la luz a mi hija, de abrir mi canal, de recibirla en mis brazos dentro de un entorno de seguridad, respeto y Amor, que al fin y cabo es lo que creo que todas y cada una de nosotras deseamos entregar a nuestros hijos. Un nacimiento digno y respetado, una acogida cálida, una madre y un padre poderosos que se sientan capaces de saber entregar todo, absolutamente todo, lo que su hija recién nacida precisa: calor, amor, protección, teta y mucho contacto.


viernes, 21 de febrero de 2014

Hablemos de sexo

Hace poco en el cumpleaños de una amiga se organizó un “tupper sex”, imagino que ya sabréis de qué se trata: una comercial de artículos eróticos se desplaza hasta la casa de alguna interesada y allí tiene lugar este encuentro en el cual la comercial expone los productos disponibles, se habla de sexo, se prueba algún artículo, se ríe un rato y luego una acaba comprando algo te interese o no, entre otras cosas porque es obligatorio (sí, sí, como lo leéis).

No era la primera vez que iba a uno, hace ya unos 7 años nos reunimos otras amigas expresamente con este fin y me resultó curioso y divertido. Esta última vez formaba parte del cumpleaños y, la verdad, estaba más por echarme unas risas que por conocer ese mundo. Lo que sí deseo destacar es que me pareció radicalmente distinto, no sólo porque lo guiara otra mujer (aunque del mismo negocio, que esto por mucho nombre que tenga Ibiza no deja de ser un pueblito) y eso debe influir, sino porque yo soy radicalmente distinta, tomo conciencia de estar en otra etapa absolutamente.

Me pareció una cortina de humo, desde el minuto uno hasta el final, una manera enrevesada de camuflar los patrones machistas y patriarcales de nuestra sociedad bajo un manto de liberación femenina. Había momentos en que deseaba saltar del sofá y aclarar algunos puntos que encontraba hasta dañinos. No dije nada porque tal vez hubiera estado fuera de lugar y porque sé que no dejan de ser mis sensaciones y percepciones y no necesariamente lo ideal o único, aunque discretamente iba haciendo mis aportaciones. Me impactó que se continúe alentando comportamientos egoístas, resaltando estereotipos y reduciendo el rol femenino al objeto de deseo. Sólo coincidimos en una cosa: que el cuerpo propio es para disfrutarlo.

Vayamos por partes.

La reunión se abre presentando los primeros artículos, los más suaves por decirlo de algún modo, se trata de una gran variedad de productos pensados para aplicar sobre el cuerpo. La primera premisa que se lanza es la importancia de la higiene, en general diría yo y en particular para practicar sexo, hasta ahí todas amigas, para lo cual muestran “un fantástico” gel de ducha comestible con aroma (y sabor, obviamente) de mil tipos. Seguido de cremas corporales y aceites de masaje, hipoalergénicos (menos mal) también con una extensa gama de sabores y aromas. Todo esto lo encuentro muy bien si forma parte de una misma, es decir, si determinado olor nos gusta para nosotras, nos hace sentir en sintonía o nos identificamos con él. Pero el asunto no se plantea de este modo, ni en la reunión ni en la sociedad, lo vemos a diario en los medios de comunicación. El mensaje que se transmite es que debemos mostrarnos de determinada manera para ser deseadas, hay que seguir determinadas pautas para gustar, para excitar, para ser una bomba sexual. Si usas ese perfume triunfarás, si tu cuerpo brilla con partículas de miel los hombres no podrán resistirse, si te coño sabe a frutas exóticas quién no deseará comérselo… ¿Perdona? ¿Estamos locas?

Que se plantee como un juego sexual, en el que los implicados estén receptivos a experimentar con los sabores y estímulos, está bien. Pero que esto resulte más atractivo y agradable, eso sí que no, al menos para mí. Considero que el sexo resulta excitante precisamente porque las hormonas y los fluidos corporales realizan su función, nos excitamos al embriagarnos del otrx, seamos conscientes de ello o no, al entrar en contacto con su característico olor, el sabor y la textura de sus secreciones, su respiración, su sudor, todo forma parte de un cóctel erótico mucho más potente que toda esa poción infalible. Estamos de acuerdo en la importancia de la higiene, pero el resto es floritura, adornos, juegos, nada más y absolutamente prescindible. Por favor, ya está bien de vendernos la idea de que nuestros olores son desagradables, desde las compresas y salvaslip que transforman nuestra menstruación en olor a nubes hasta los geles y cremas que harán que no tengamos que preocuparnos más porque nuestra vagina se excite, lubrique y aumente con ello su característico olor…

Igual para los hombres, si se presenta el producto como parte del juego erótico donde experimentar con el sabor y la lubricación, está bien, pero si se plantea como una posible solución para practicar el sexo oral ya no me parece tan bien. El sexo, sea oral o sea como sea, debe resultar agradable siempre, con gel, sin gel, con sabor a mango o sin él. El resto es cuestión de juegos y preferencias. Yo sin duda, prefiero mil veces el olor y el sabor del otrx, acabo empalagada con estas cosas y fijo que un bote de 100ml acaba caducándome. Si siguiera todas las pautas acabaría desorientada, no sabría si estoy con mi pareja o con el muñeco tarta de fresa de mi hija… debo ser muy básica.

En la misma línea de los geles, cremas y lubricantes existe otro millón de variantes, tampoco me voy entretener en describirlo todo, sin embargo llamó especialmente mi atención una loción de feromonas, que se aplica en este caso con roll-on, perfumada por supuesto. Resulta que con esta fórmula una se aplica dicho producto y de pronto su sex-appeal se dispara. Si deseas sobreexcitar a tu pareja sexual o simplemente quieres que alguien sucumba a tus encantos, sólo debes tirar de tu roll-on tamaño bolso. No entiendo nada, perdónenme.

¿Pero no se supone que nuestro propio organismo ya regula esta función al generarlas y detectarlas en el otrx? Por cierto, uno de los puntos clave es precisamente el vello púbico… pero claro, si primero debemos rasurarlo cuanto más mejor para que nos sintamos bellas y resulte atractivo y después perfumarlo no sea que huela a algo parecido a nosotras y desconcierte a los hombres, lo que nos queda es lubricarnos el pubis, las ingles y los labios externos con un buen roll-on de feromonas y aquí no ha pasado nada… debo ser un poco lerda porque me da hasta la risa.

Otro aspecto que creo importante destacar es cómo se trata el comportamiento sexual masculino en estas reuniones, generalmente sólo de mujeres. Quedé indignada al confirmar que continúan alimentándose estereotipos como que los hombres son tan simples que no hace falta más que mostrarles una teta para que se vengan arriba, que su orgasmo es fácil y rápido, que poco más que son unos lelos a los que con media insinuación los llevas donde quieres y los manejas como muñecos, domesticándolos sexualmente, porque tienen mucho que aprender todavía. Uff… 

Está claro que funcionamos de manera distinta, que no necesariamente nos excitamos con los mismos estímulos ni al mismo ritmo, pero generalizar de este modo me parece tremendo. Creo que se juega a la ligera con este aspecto de la excitación y el placer masculino y que es un arma de doble filo tanto para ellos como para nosotras. Ellos creen que deben cumplir con ciertas expectativas y nosotras confiamos en que ellos, todos y siempre, seguirán un mismo patrón. Pero cada cual es un mundo y cada encuentro también y muchas de estas creencias enraizadas son dañinas para ambos y pueden acabar desbordando más de una aventura o una relación entera. Por eso me parece tremendo tratar un tema como la erección o la eyaculación en el momento "oportuno" como si fuera algo que nosotras debamos marcar y controlar. Vendiéndonos incluso la idea de aplicar gel retardante en el glande de nuestros compañeros sin comentarlo… esto lo encuentro absolutamente fuera de lugar, si jugamos, jugamos los dos, pero manipular la situación sin hacerle partícipe me parece horrible y desconsiderado.

Pasamos a la segunda parte, en la que se presentan los juguetes femeninos, todo tipo de vibradores, animalitos y fantasías para nuestro disfrute, con o sin compañía. Aquí nada que comentar en especial, todas tenemos claro para lo que son y sobre tamaños, formar, funciones y colores cada cual.

Se presentaron algunos juguetes para la estimulación de ambos durante la penetración, curiosos y novedosos. Pero me sorprendió que ni siquiera se mencionara, no digamos traer una muestra, la posibilidad del juego entre dos mujeres o entre dos hombres (aunque no había ninguno presente y aún sería más rara la alusión), así que tan liberadas no debemos estar, ni siquiera de ideas.

También se presentaron dos artículos no enfocados al juego sexual pero sí relacionados con la sexualidad femenina: las bolas chinas y la copa menstrual. Me pareció curioso que se estuviera introduciendo la copa menstrual en este sector, pero bien en cualquier caso.

En resumen, creo que este tipo de reuniones son potencialmente un punto de encuentro ideal para desinhibirse, si se está en confianza, donde se debería transmitir la maravilla de gozarnos a nosotras mismas, con o sin compañía. Invitar a la mujer a conocer su cuerpo, explorarlo, mirarlo de cerca, probarlo. Transmitir confianza en todo lo que somos, desprendemos y representamos, al margen de lo que se espera. Liberarnos de verdad. Empoderar a la mujer, puesto que son reuniones de mujeres pensadas por y para mujeres.

El que sigan vendiéndose toda esta serie de estereotipos para gustar al macho camuflados en “cuidarse una misma” a mí me genera inquietud. El que siga alimentándose la idea de mujer que sacia al hombre con su cuerpo y hombre que sacia a la mujer con una buena erección y una eyaculación tardía, a mí me genera inquietud. El que la mayor parte de los juguetes sexuales se presente como sustitución del miembro masculino, a mí me genera inquietud. Y el que se siga manipulando con todo esto, ofreciendo una información maquillada a beneficio para lucrarse económicamente, a mí desde luego, me genera muchísima inquietud.

Dicho todo esto, a gozar libres.




domingo, 2 de febrero de 2014

La educación sexual

Curiosamente los domingos en el desayuno hablamos de sexo y son conversaciones fugaces pero en las que se intercambian visiones más que interesantes. El acabar poniendo voz a pensamientos que una tiene parece que convierte en real lo que hasta el momento son tan sólo percepciones y sentimientos propios. Vamos, que una se desnuda en la palabra y de pronto se siente vulnerable incluso ante la persona que tal vez más la conozca… o crea conocer.

No me resultó nada sencillo expresar y aún más dialogar sobre aquello que pienso, quizás porque no he logrado perfilarlo bien en mi interior todavía. Encontré mis razones abstractas, chocando ante la realidad extendida que todos conocemos y asumimos. Concretamente hablo sobre de la educación sexual, donde el argumento predominante se centra en que no importa lo que te esfuerces porque los hijxs a esa edad no nos escuchan.

Para mí la educación sexual va más allá de tratar de concienciar acerca de protegerse frente a las ETS, muchas de las cuales raramente se nombran aparte del SIDA, y de la importancia de emplear métodos anticonceptivos adecuados a cada una de nosotras y nuestra pareja con el fin de evitar posibles embarazos no deseados. Creo que ésta es la parte aceptada casi por igual en nuestra sociedad, la parte en la que prácticamente todos coincidimos. Otra cosa es que verdaderamente se hable con claridad a lxs hijxs, con empatía, y no se delegue en ello a las instituciones, los amigos o su propia experiencia.

Como digo, ésta me parece la parte sencilla de la educación sexual de cara a tomar consciencia y comprensión de la importancia de manejar situaciones en el seno familiar. Sin embargo, entiendo que la educación sexual no sólo conlleva estas pautas prácticas sino toda una serie de matices emocionales que son igualmente importantes y que pueden afectar, y de hecho estoy segura de que así es, a los más jóvenes y no tan jóvenes. Las relaciones sexuales, cualquiera que sea su índole, conllevan en sí toda una serie de emociones y percepciones de una misma, de nuestro cuerpo y su capacidad y no son fáciles de desentrañar sin caer en las redes de lo que socialmente se considera “adecuado” y “correcto”, así como lograr escapar de las etiquetas y de los modelos irreales que nos transmiten los medios de comunicación, el cine e incluso la literatura.

Considero que estos aspectos afectan por igual a hombres y mujeres, que alientan a crear falsas expectativas acerca de los encuentros sexuales y acaban por generar presiones innecesarias. Por no hablar del Amor, ligado eternamente a la idea manida del amor romántico: las mujeres virginales, sensibles, fieles, pacientes y vulnerables frente a los apuestos galanes salvadores que nos llevan a éxtasis con sólo tomarnos de la cintura para amarnos y desearnos toda la vida… en fin…

No sé cómo experimenta un hombre el despertar a la sexualidad, pero como mujer, considero fundamental tomar consciencia de nuestro cuerpo y de nuestra soberanía sobre él lo antes posible. Porque existe la coacción (sin llegar a forzar, por supuesto)  y otras mil manera más sutiles de tratar de empujarnos a hacer algo que no acabamos de desear en un momento determinado, por diversos motivos: porque la experiencia no se esté ajustado a nuestras expectativas (casi siempre irreales por otro lado), porque no sintamos la capacidad de imponernos y reconducir la situación, porque se tema el alcance social y sufrir las etiquetas de la juventud, porque nos sintamos inseguras, porque no aceptemos nuestro físico y una larga lista de posibilidades.  Y de este modo, es fácil que luego asomen los sentimientos de abandono, vergüenza, desprotección, desaprobación ante nosotras mismas e incluso culpabilidad.

Como en todo, sólo la propia experiencia nos garantiza el hacer de cada encuentro únicamente aquello que nosotras deseemos que sea, pudiendo vivirlo y gozarlo con absoluta naturalidad. Pero hasta entonces nos hallamos ante un camino por recorrer en el que debemos desprendernos de muchos lastres asimilados por puro desconocimiento de esta faceta nuestra.

Será que hasta lograr el punto en el que me presenté con la mente completamente abierta y sabedora del poder que tengo sobre mi cuerpo, el respeto absoluto primero ante él y mí misma y después hacia mis parejas sexuales, que pudieran serlo también sentimentales, he tenido que archivar y desechar muchas sensaciones y muchos falsos mitos. Saberme, al fin, la única y última responsable de mi disfrute, no desde el egoísmo, sino desde la liberación del otrx.


Será que tal vez me hubiera gustado hablar claramente con alguien acerca de estos detalles y no he sabido dar con la persona o personas adecuadas hasta ya bien avanzada mi vida sexual, por lo que considero importante mantener los ojos bien abiertos y la intuición a flor de piel cuando comencemos a ver asomar ese rubor en nuestras hijas, al menos para que sepan que estamos también dispuestas para mostrarles nuestra percepción, si ellas lo desean, de mujer a mujer.




domingo, 18 de agosto de 2013

¿Somos Comunidad?

Hoy, tras retorcerme y frotar mis ojos en la madriguera, asomo de nuevo para revindicar algo en lo que creo. Me armo del valor del que me fui desprendiendo días atrás y lo hago, ante todo, porque me debo a mí misma la sinceridad con la que deseo obrar, especialmente entre mis círculos más preciados.

Hoy necesito desatar un nudo y siento que, en cierto modo, le debo estas palabras a la Red.

Cuando tejo en la Red, (femenina, maternal y masculina y paternal cada vez más), lo hago porque deseo aportar mi visión y mi sentir y porque de este modo me nutro del saber y las experiencias de otras mujeres que, a su vez, se vuelcan y tejen. Y siento que así, poco a poco, vamos sembrando y recogiendo por igual y los frutos obtenidos quedan visibles para todo aquel que desee acercarse y participar o no activamente. Propiciando de este modo una hermosa ReEvolución emocional, femenina y maternal.

Tal vez me embriagué de este aroma a unión y comunidad y no supe, o quise, ver el juego de ídolos y seguidores que también conlleva; y cuando me fui percatando del trasfondo, lo empujé hacia dentro, expectante y con cierto recelo. Admiro y adoro a muchas mujeres que tejen con todo su corazón, y admiro a algunas otras que logran abrirse un hueco profesional gracias a su vocación y sus recursos, pero no me siento cómoda cuando se rompe la comunicación horizontal o circular. Y no es la primera vez que lo comento. (Mi espinita con la materidad consciente, Miradas de mujer y en múltiples comentarios en redes sociales)

Si admiro y amo, lo hago con sinceridad. No soy una fan, no soy una individua para moldear, no soy parte de ningún rebaño y me entristece que me intenten vender bajo el título de crianza respetuosa, feminidad consciente o empoderamiento, conceptos o productos que a mi juicio rozan la ética, por muy lícito que sea. No siembro para sentirme parte de una manada perdida que se traduce en asentir a quién dirige, o cree que dirige, el grupo. No comulgo con las condecoraciones y no me considero una consumidora de crianza y me cuido, o eso intento, de no consumir ego.

¿Qué está pasando? Sé que no soy la única que se siente de este modo. ¿Dónde quedó la camaradería, el aprender de la que llega la última, de la que empieza, el mimar por completo a la comunidad? El construir por creer en alguna causa sin esperar un reconocimiento por ello, sin pretender evangelizar ni instruir, sin sentir que se posee la Verdad. No concibo el cambio sin aceptar la diversidad.

Una de las cosas que más extraño es el poder dedicarle más tiempo a la blogosfera en profundad, y digo a la blogosfera porque por la inmediatez que ofrecen, al final accedo a otras redes sociales que finalmente también nos conectan. Rasco segundos para visitar otros espacios que antes frecuentaba y casi nunca comento ya. Añoro leer y disfrutar con blogs desconocidos hasta el momento para comprobar así que la revolución maternal no se frena sino que se alimenta y crece con cada nueva mujer que se redescubre y cada nueva madre que atiende a sus instintos, soltando escamas, despeinando lo establecido. Me estremece el sentirme cerca de otra persona sencillamente por ser humanos.

Sigo tejiendo y lo hago porque gozo con ello. Me disculpo también si alguna vez alguien sintió que la relación no fue horizontal por mi parte. Desearía recobrar la tranquilidad y ligereza con la que antes bailaba en el gran círculo, donde todas somos discípulas y maestras por igual, independientemente del alcance de cada una, y perder un segundo junto a otra persona es en realidad ganarlo. Sé que para ello debo limpiar mis ojos, aligerar mi carga emocional y reubicar algunos conceptos.

No me gustan las polémicas pero tampoco sería honesta si no expresase mis sensaciones. Esto también forma parte de crecer y decidir… ¿por qué iba a ser diferente en la Red?

Feliz por mantener la puertas abiertas en mi círculo

Feliz por mirar en línea recta

Feliz por ser consecuente

Y liviana…